El butacón del Garci

Ni los viejos ni los niños cuentan

EL BUTACÓN DEL GARCI
José Manuel García-Otero

Jeremías Villapalos Pérez vive en el campo, sabe leer las estrellas y adivina en los ojos de las vacas cuándo la luz de la noche avisa del parto. Jeremías tiene los ojos gastados de contar las ovejas y sus ásperas manos respetan el espacio del gallo al adentrarse en el corral. La Naturaleza siempre impartió justicia en su territorio, por eso no le asusta el aullar del lobo hambriento y apostaría su nariz por el olfato sabio de la ovejera.

Estampas de un tiempo inacabado

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José Manuel García-Otero

A veces uno quiere mirar una manzana desde distintos lados y, pese a todo, la manzana sigue con el mismo sabor. El mundo es una gigantesca manzana que la inconsciencia de los hombres ha ido pudriendo. Estamos locos, dijo Zacarías Martínez, alias Napoleón Bonaparte, mientras tomaba su porción de medicina y ondulaba el mechón caído de su frente. Una vez ingerido el tranquilizante, Zacarías Napoleón siguió inspeccionando los habitáculos de sus “mariscales”.

No insistas

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José Manuel García-Otero

España es así: no quiere saber nada de nadie. Somos una partícula minúscula en este océano de islas que es la piel de toro tantas veces despellejada y es muy difícil que me encuentren. Solo sé que vivo, lo sé porque respiro pero nada más. En el otro lado ya no conozco a nadie porque lo impide el agua o las dudas o el miedo o esa mano invisible que todos llevamos dentro.

La película que nunca quise ver y ellos nos cuentan

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José Manuel García-Otero

Llegaron los calores y el corazón se nos dispara, un hormigueo cruza el estómago de lado a lado y los nervios juegan al fútbol en lo alto de la azotea. No queremos mirar más allá de lo que acontece al cruzar la calle, porque puede que en la otra acera un caimán imaginario nos arrastre hasta el fondo del husillo. La incertidumbre es como el calor húmedo, se mete en los huesos y muerde, muerde hasta que solo queda aire y miedo.

En campaña somos pueblo

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José Manuel García-Otero

Mientras la corrupción se asoma por las esquinas y las calles y avenidas de la ciudad se cubren con caras sonrientes de gente que todos conocemos, esa gente nos da los buenos días con frases sacadas del recetario del hada buena de Caperucita roja.

La bazofia periodística y los corruptos

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José Manuel García-Otero

En periodismo me enseñaron a luchar por mostrar la verdad y defender con dientes afilados a los lectores. Me lo enseñó un cura, el cura Javierre, uno de los tipos con mejor visión periodística que ha existido en el siglo XX.

Sigan las ideas, no sigan a los hombres

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José Manuel García-Otero

Sigan las ideas, no sigan a los hombres que caerán al precipicio”, dijo alguien y el mundo siguió su camino de tumbos y trompicones. Es evidente que seguimos a los hombres. Vivimos en un mundo de palabra fácil y acciones homicidas, un mundo donde los buenos son los que menos hablan y los malos somos los demás.

De niño quise ser periodista

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José Manuel García-Otero

De niño lanzaba una respuesta certera como un disparo de francotirador de sueños a la pregunta tópica de los mayores ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Quiero ser periodista Sentado en la umbría escalera de mi casa “viajaba” a cualquier parte para buscar buenas historias, que luego yo, vestido como Indiana Jones, escribía en una hispano-olivetti de nuevo cuño.

Alí Hassan quería la camiseta de Bale

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José Manuel García-Otero

Se llamaba Alí Hassan, tenía 16 años, y siempre veía los partidos del Real Madrid en la cafetería enfundado en una amarillenta y gastada camiseta con el 23 de David Beckham, que heredó de su hermano mayor Ibrahim, sargento del ejército, también madridista. Alí era zurdo y llevaba seis meses juntando dinares para comprar una camiseta nueva del Real Madrid, con el 11 en la espalda, la de su ídolo de ahora, Gareth Bale.

Huid de los aventadores del miedo

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José Manuel García-Otero

“Muchos no creen en nada, pero temen a todo”, dijo el poeta alemán Friedrich Hebbel, que murió hace casi dos siglos pero apuesto a que lanzó su último suspiro en dirección sur. En esta parte de la Europa más castigada, el miedo brota como grano de trigo, sale de las aceras, cuando la duda le abre las puertas a la ignorancia y los mediocres levantan murallas para resistir al asedio de los justos.

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