El 25 de enero de 1960 los cinco obispos de la República Dominicana, encabezados por un gaditano, fray Leopoldo María de Ubrique, retaron al dictador Rafael Leónidas Trujillo a detener el baño de sangre con el que torturaba a sus ciudadanos. La venganza del enérgico Trujillo fue terrible y las vidas de los obispos, de los cinco, se convirtieron en un infierno de atentados, de injurias y amenazas, de agresiones y de infamias.