Ha muerto José Luis Sampedro, un tipo al que no conocí y que, sin embargo, me enseñó muchas cosas. Me enseñó a ver la vida a través de una flor, quizás por los ojos de un gorrión, otras veces por los ojos vigilantes de un águila. Pero siempre a través del amor, por la ternura que imprime el beso del aire limpio de la mañana.