El pasado fin de semana, el cineasta español Miguel Herberg cumplió su amenaza y enterró en el Cementerio de Obras de Arte de Morille (Salamanca) las cintas originales que él mismo grabó, tras el golpe de estado de Pinochet, en los campos de prisioneros de Pisagua y Chacabuco, en el desierto de Atacama. Miguel Herberg llegó al cementerio con tres heridas, la de la vida, la del amor y la de muerte, como su tocayo Miguel Hernández.