Basilio es un tipo con poca personalidad y barba rala y gris. Basilio gasta gafas, cómo quien esto escribe, desde siempre y las lleva desde siempre sucias. Las gafas de Basilio, según su abuela, parecen «dos adobes»; para la abuela de Basilio el adobe era el epítome de la suciedad. Basilio se mira cada mañana al espejo, sin gafas, a ver que ve; pero no ve nada, solo la misma cara anodina de todas las mañanas.