Decía Manuel Azaña: “la esperanza, en lugar de prolongar la vida, la consume”. Nació esta afirmación del pesimismo de la fase final de su vida, cuando un mar de sangre había ahogado su obra política. No crean que aquella crisis que vivió España –social, política, económica y, naturalmente, militar- no tiene elementos coincidentes con la actual: hoy, como entonces, los sectores más reaccionarios de la sociedad utilizan el poder de que disponen para imponernos su modelo económico.