De todo lo malo, lo peor que le pueda pasar a un hombre es irse convenciendo poco a poco de que es un inútil, de que no vale para nada. Si se convence de golpe, a lo loco como si dijésemos, no hay peligro. Cualquier mañana se le volverá a olvidar. Que se vaya convenciendo despacio, con cuidado, a recalca maza y no habrá nadie que le quite esa idea de la cabeza.