El gasolinero

Jueves de agosto: calor, demagogia y el adiós de un actor

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Francisco Navarro

En este jueves de agosto se prevé que el mercurio haga reventar los termómetros. El calor va a ser sofocante, o eso dicen los augures atmosféricos. El desconsuelo y ese mirarse la punta de los zapatos como si allí estuviera la solución, hace que la temperatura ambiente suba aún más, hasta la ebullición.

Adalberto y Raimundo entre flores de campanilla

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Francisco Navarro

En los parterres de la plaza han reventado las campanillas sembradas en abril, blancas, exuberantes, descontroladas; llenando cada átomo de tierra, creciendo, asfixiando, plagándolo todo como una mala yerba.

Basilisa y el ataúd del tío Escudos

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Francisco Navarro

Basilisa Jareño Clamores estaba empeñada en sacar de pila a algún nieto de su hijo mayor, Jesús Navarro Jareño. La única condición que pusiera, fue que a lo que apadrinase le colocasen su gracia. Su nuera, Antonia Ruiz López, hacía maniobras para no castigar a ninguno de los vástagos con el nombre de la abuela y que la mujer no notase que le hacían un feo.

Lo mejor para el verano es un polo de limín

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Francisco Navarro

—Este año hace más calor que ninguno.

Don James y la guitarra de Carrañaca

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Francisco Navarro

Hubo una vez, a lo mejor hace muchos años, muchísimos, tantos como tiene la hermana Visita que es la más vieja del pueblo, un andarín irlandés, ciego y bebedor, que se llamaba don James.

El encaje de Bruselas: un crimen futuro

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Francisco Navarro

De todo lo malo, lo peor que le pueda pasar a un hombre es irse convenciendo poco a poco de que es un inútil, de que no vale para nada. Si se convence de golpe, a lo loco como si dijésemos, no hay peligro. Cualquier mañana se le volverá a olvidar. Que se vaya convenciendo despacio, con cuidado, a recalca maza y no habrá nadie que le quite esa idea de la cabeza.

El síndrome de la sala de espera del ambulatorio

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Francisco Navarro

En la lista de los mayores enemigos de la humanidad debería figurar una clase de personas que voy a intentar describir. O en una próxima revisión de la Historia Universal de la Infamia. Son esos «…pedantones al paño/que miran, callan y piensan/que saben, porque no beben/el vino de las tabernas.» En definitiva: «Mala gente que camina/y va apestando la tierra... »

El último adiós de un bromista

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Don Áureo Quiralte falleció en su domicilio de la calle de Espartero. Fue trasladado a un tanatorio con nombre de santo; la funeraria tiene en las puertas de madera relieves de guadañas y relojes de arena. Ahora que recuerdo, también tiene una carroza fúnebre, como un siniestro guiño al finado:

Democracia entre tornillos: Natalio el ferretero

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Natalio lleva las gafas en la mitad de la nariz. Son de medio cristal. Levanta la vista por encima de los lentes, eso le da un aspecto, a la vez, de senectud y cachondeo. Es ferretero y ajusta las cuentas con el bolígrafo y un papel, no usa la calculadora porque dice que las operaciones que hace la máquina las sabe resolver él perfectamente.

Estanis y el optimismo

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Francisco Navarro

Los pájaros se aman por la mañana, al pintar el día. En el árbol de la casa de al lado, que está comido de aves, mueven una escandalera de mil demonios con sus requiebros amatorios. Los gorriones y vencejos pían; los palomos arrullan. La algarabía de los zuros a veces parece el chillido de un águila o el ulular de la lechuza.

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