Aunque fuera durante menos de 24 horas, el ingreso en prisión de Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid –el que inició su irresistible ascensión hasta el abismo–, ha significado una compensación mínima, casi simbólica, para tantos afectados, directa o indirectamente, por una gestión supuestamente bancaria, que, por los indicios que se van descubriendo, tuvo más de especulación y de saqueo que de inversión productiva de los ahorros ciudadanos.