Apuntes sobre el Folk eléctrico chileno (I)

Paisaje sonoro
Pablo Padilla

Se acerca una versión más del Festival de Viña del Mar. Pero no voy a hablar de él. Apenas lo tomaré como disculpa, tomando como ejemplo la presencia de artistas chilenos en el escenario, la magnífica banda Los Bunkers y el solista Manuel García. Su presencia la tomo como punto de partida para una reflexión, de la cual este es el primer capítulo.

Y es que el Festival se hace en Chile, pero a veces da la idea de que lo mismo podría estar en Miami, Ibiza o Kuala Lumpur. Así es su carencia de identidad. Por lo mismo, se agradece cuando algo con sello propio se apersona, aunque sea brevemente, en dicha escena. De momento, dejaré fuera de esta reflexión a Los Bunkers. Pero quedan como un tema pendiente a tratar en siguientes textos.

Es ocasión de comenzar a hablar de un movimiento de música chilena que, a estas alturas, es mucho más que emergente. Me refiero a un grupo de artistas del cual Manuel García es parte. Grupo o generación que aún no tiene nombre y que yo me atrevo a denominarlo con la etiqueta de “Folk Eléctrico Chileno”. Y paso a explicar.

Manuel García es el representante de mayor edad de un grupo de artistas que encaran la creación con los pies bien puestos en su tierra y su herencia. Un pie se sostiene en la herencia del folklore más avanzado que hemos tenido: Violeta Parra y Víctor Jara. Folklore de exploración, innovación y consciencia crítica. Folklore de profunda raíz que vuela hacia el futuro. García, junto a nombres como Nano Stern. Camila Moreno, Pascuala Ilabaca, Fernando Milagros, Chinoy y muchos más, se hacen parte de esa herencia. 

Pero hay otro pie que los sostiene: el rock and roll. Partiendo por el uso de la electricidad básica del estilo (bajo, guitarra, batería y teclados). Dicho pie rockero no se limita a aportar texturas amplificadas a sonoridades locales. Este grupo heterogéneo recoge una de las herencias musicales chilenas que quedaron truncas con el Golpe de Estado de 1973, y que recién ahora comienza a renacer. Nos referimos a los sonidos más pastoriles y a la vez poderosos de bandas como Congregación o Congreso. Lejos del discursismo leninista de Quilapayún o Inti Illimani, esos grupos, en pleno gobierno de Salvador Allende, desarrollaron una creación de alcance más espiritual que político, aspirando a revoluciones etéreas, que no estaban explicitadas en el programa de la Unidad Popular. Por lo mismo, fueron repudiados en su momento por la izquierda más dura, lo mismo que por la derecha. Desde su uso de instrumentos eléctricos hasta el hecho de vivir en comunidad eran elementos mirados con recelo desde todos los bandos políticos. Como dijo hace poco Eduardo Gatti (ex Blops) en entrevista a revista Capital, “tanto con la izquierda como con la derecha siempre tuvimos problemas. Unos decían que éramos imperialistas porque tocábamos guitarras eléctricas y los otros que éramos unos hippies marihuaneros. Los Quilapayún nos decían que esa comunidad que teníamos era una “enajenación”.

El paso del tiempo ha hecho olvidar esas rancias discusiones, y una nueva generación viene anunciando una nueva visión, desprejuiciada y libre. Manuel García lleva varios años en esta movida. Primero como líder de la banda  Mecánica Popular, donde un pop rock melódico de muy buena factura unía trova e intensidad. Tres discos imprescindibles y de creciente calidad son, hasta el momento, la contundente herencia de la banda. Un elemento no menor de la propuesta de Mecánica Popular es la voz de García, que para bien o para mal, recuerda a un juvenil Silvio Rodríguez. Creo que, de hecho, ese elemento ha servido para instalar a García en el gusto de buena parte del público menos rockero y enfocado al canto político y de izquierda. 

Después de alcanzar un relativo éxito con Mecánica Popular, Manuel García empezó hace años una carrera solista que ha dado buenos frutos. Algunos hitos importantes son, por ejemplo, la grabación del disco en vivo “Víctor Jara Sinfónico”, de 2008, una apuesta interesante, que reconcilió diferentes mundos del sonido chileno: la obra de Víctor, el rock y lo clásico. 

Poco a poco. García fue ganando espacios con su carrera, sin descartar de plano la banda que lo vio nacer. Su llegada a un escenario de alta exposición es un buen logro, que esperamos la audiencia sepa apreciar en todo su peso e intensidad. Tres excelentes discos en solitario avalan su estatura artística: “Pánico” (2005), “Témpera” (2008) y “S/T” (2010).

Sabemos que Manuel García en Viña del Mar hará un muy buen recital, y es una de nuestras recomendaciones para el farandulero evento. Pero el tema de su generación dará para bastante más. En siguientes posteos, iremos dando más elementos. Se oyen los pasos de nuevas voces.

 

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