Atahualpa Yupanqui: asuntos del alma

Sebastián Domínguez, autor de un libro sobre uno de los grandes intelectuales y pensadores argentinos
ARGENTINA

 “Atahualpa Yupanqui es y seguirá siendo uno de los más grandes intelectuales y pensadores de la Argentina. Fue mucho más allá de los límites del folklore. El folklore fue más un medio que un fin. Su fin era lo humanístico. El hombre como principal paisaje en el campo de la existencia”. En las sierras o en el valle; a la orilla de algún río o en la sombra de un sauce; con un mate en la mano o compartiendo un trozo de pan casero. Estas palabras de Sebastián Domínguez, en Argentina se sienten.

“Don Ata” ha dejado un legado imborrable; y Domínguez, que compartió los últimos diez años de la vida del maestro, se sienta a dialogar y recordarlo. Y sabe que su palabra es respetada. Por eso se atrevió a escribir el libro "Atahualpa Yupanqui, asuntos del alma". En esas páginas, se reproduce una frase del viejo maestro: “El hombre es una misteriosa caja de resonancia. Los elementos que rodean al hombre, que están cruzados, entrando y transitando junto a él, durante siglos, lo enriquecen, o lo empobrecen, o lo conflictúan, o lo confunden: ahí es cuando viene el porcentaje. El hombre es un porcentaje espiritual, un porcentaje materialista, un porcentaje imbécil, o sensual, o puro, o sentidor, o pensador”.

El joven cronista escucha atento y le pregunta tímidamente: “¿Cómo fue compartir años de su vida ante tal referente?” Domínguez se emociona y rápidamente dice: “Intensos, muy emotivos. Era un ser de vida muy simple, sin ninguna de las extravagancias que estamos acostumbrados a ver en muchos otros famosos. Simple pero muy profunda. En cada encuentro siempre había un aprendizaje. Bien se dijo de él que ‘no necesita de tiza y pizarrón para dejarnos grandes enseñanzas’. Era un verdadero maestro en todos los sentidos. Presenciar cuando estudiaba la guitarra, escuchar una grabación discográfica con su posterior comentario, preparar sus recitales, la manera de vestirse para salir al mundo, sus emociones por los recuerdos de su infancia o por los amigos que ya se fueron, todo esto era muy particular en él. Yupanqui tenía una muy delicada y aguda sensibilidad. Nada se le pasaba por alto. Uno, sin darse cuenta, iba incorporando esa forma tan honda de ver la vida, los acontecimientos, los hechos cotidianos, los sentimientos como expresión primordial”.

Aroma a peperina, a campo, a caballos, a calles de tierra; olor a la pampa, al interior argentino. Ese perfume se desprende en el recuerdo de Atahualpa Yupanqui. Tengo muchas preguntas, pero antes de seguir hablando, y viendo las diferencias de edad, le consulto respetuosamente.

¿Cree que en Argentina es o fue reconocido como se lo merecía?

Durante muchos años Yupanqui no fue visto ni considerado acorde a su trascendencia. Su afiliación al Partido Comunista le trajo serios inconvenientes, aún muchos años después de su renuncia en 1952. Este es un tema muy sensible que analizo con ciertos detalles en nuestras conferencias y más detalladamente en el libro. Yupanqui estaba llegando a los 60 años de edad y no tenía una continuidad laboral en su propio país. Cuando se va a Japón y obtiene una repercusión como pocas veces en su carrera artística, esto lo induce a tomar la decisión firme de buscar nuevas alternativas artísticas con mayor estabilidad y prolongación. Ante este panorama decide radicarse en Francia. Es cierto que era una figura popular, creo que durante varias décadas no se tuvo una visión integral y verdadera. Era conocido pero no reconocido. Los numerosos gobiernos de nuestro país contribuyeron en gran manera para evitar su verdadera difusión, por encasillarlo solamente en el punto de vista político. Después de su ausencia y con nuestra continuidad democrática actual, poco a poco se ha ido revirtiendo el desconocimiento de su verdadera obra. Hoy hay más publicaciones sobre su vida. El que podamos mantener un programa en Radio Nacional que lleva su nombre (De Segovia a Yupanqui) desde hace 30 años, o presentar nuestras conferencias, son acontecimientos pequeños o grandes que intentan revertir, en lo posible, ese injusto desconocimiento.

El legado de Atahualpa

¿Cuál es el legado que dejó Atahualpa?

Más allá de las 1200 poesías, casi 100 obras musicales para guitarra, libros, películas y videos, reportajes y un poco más de 60 años de vida artística, hay algo fundamental en su legado, en su herencia: su conducta y su profundo pensamiento. A la coherencia que Atahualpa muestra ya en su juventud sobre los valores de identidad tradicional que deben respetarse y preservarse, se suma la hondura de su introspección, de su meditación y de su aguda reflexión analítica sobre el mejor y más importante paisaje que debe cultivarse y cuidarse: el hombre y su entorno, o el hombre y su destino. En mi libro he tratado de recuperar y organizar un gran número de sus pensamientos para demostrar que, más allá de su condición de músico, es uno de los grandes humanistas del siglo XX. Quien descubre esta cualidad yupanquiana, mencionada anteriormente, sin duda tiene la posibilidad de dar o encontrar respuestas a muchas dudas que presenta la existencia humana.

La guitarra a un costado. El micrófono por otro. Documento por un lado. Libros desparramados. Y la charla continúa. Hablar de un prócer hace largo cualquier diálogo. “Se comportó como un padre para nuestro grupo familiar. Entregó junto con su esposa el corazón para una amistad sin fronteras. Esta gente no es común. Son elegidos. Yupanqui siempre se tomaba su tiempo para hablar y analizar los temas puntuales que se exteriorizan en la vida cotidiana. Ahí uno percibía qué importantes son ciertos detalles que muchas veces pasan desapercibidos para la gran mayoría”, me dice. Atahualpa aún nos sigue hablando.

 

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