Brillante 2.0. Polvoriento 1.0
El Facebook lo tiene ustedes precioso pero les comen las pelusas los tobillos. Así de claro, así está pasando y nadie dice nada.
Yo me crié con mi abuela materna, La Yaya, señora apañada hasta el límite de planchar los calcetines y no poder sentarte en la cama en todo el día porque se arrugaba la colcha, imaginen el nivel de exigencia para vivir en esa casa, y ahora evidentemente soy una maniática de la limpieza, el orden y las buenas maneras de tomo y lomo, buenas maneras de antaño que no las de ahora.
El 2.0 ha absorbido el coco de medio mundo, los famosos “cara libro” se llenan de fotos de momentos felices, de fiestas divertidísimas, de mascotas adorables, pero también están repletos de rincones acogedores de casas que no son las nuestras, de zapatos que nos gustaría tener y sitios que nos gustaría visitar, nos encanta mostrar el lado bueno y asociarnos a cosas maravillosas, pero ¿qué pasa con el 1.0?
Veo esas fotos pasadas por filtros hasta que los protagonistas son rabiosamente guapos, esos álbumes etiquetados y ordenados a conciencia, los buenos días, las buenas tardes y hasta las buenas noches y luego… ¿Por qué no me saluda mi vecino por la calle? ¿Por qué no me da las gracias mi panadero? ¿Por qué siguen quedando personas que no se duchan? ¿Y por qué si miro debajo del sofá de más de uno de ustedes hay bolas peludas con ojos?
Cuando fue el momento en el que nos olvidamos de las reglas de convivencia en el 1.0 y pasamos solo a usar la netiqueta del 2.0. Cada día echo de menos los zapatos brillantes, que me ayuden con las bolsas, cruzarme con alguien que me mire a los ojos y no al teléfono o un buenos días desinteresado ¿dónde están las buenas maneras? Si no hay fotos de por medio nadie cuida los detalles, no le dan importancia a nada que no quede reflejado en un muro público.
En estos momentos que parece que somos adictos a la belleza, a la decoración, a las caras bonitas me podrían explicar ustedes por qué echo de menos, más que nunca a las personas detallistas, vivo pegada a las redes sociales pero un sabor agridulce me queda cada vez que veo muros repletos de cariño y personas grises en la calle.
Aprovechen este fin de semana para abrillantar sus zapatos, barrer debajo del sofá y darle los buenos días al vecino del quinto, se sentirán un poco más personas, palabra de patata, pero patata muy humana.



















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