Cámara lenta Del Bosque
Terminó el partido frente a Francia, la selección española había vencido 2-0 y las semifinales de la Eurocopa abrían de par en par sus pesadas puertas para que entraran por ellas los actuales campeones. Era el momento de dar rienda suelta a esa alegría contenida que da el sentirse superior al rival pero que la experiencia invita a aparcarla; cuando el italiano Rizzoli pitó el final, España entera volvió a desbordar sus calles con esos viejos argumentos que, nada como el fútbol, consigue poner a flor de piel. Otra vez las banderas, las bufandas y el abrazo con esos desconocidos con los que cualquier otro día te hubieras cruzado una mirada fría y hoy sientes la necesidad de abrazarlo como a tu hermano.
Y él seguía ahí, sin una sonrisa, sin un aspaviento, con la naturalidad del que hace de lo cotidiano una forma de vida, ni siquiera hizo lo que hubiera hecho cualquiera en su lugar; tomarse cumplida revancha a las críticas recibidas los últimos días. Y es que, tengo un primo, que tiene un amigo que conoce a un vecino, cuyo padre vio una vez enfadado a Del Bosque; fue tan especial el momento que, dicen, escucharon de su boca un escalofriante “mecachis” que provocó el desconcierto general.
En un país, cargado de extremismos, de urgencias, de absurdos triunfalismos; cainita con los que triunfan y despiadado con los derrotados, Del Bosque esgrime una frase hecha ley: “Si te hace feliz, entonces merece la pena”. Este salmantino, socarrón, de hablar pausado, de estructura perezosa y carácter dialogante, tiene la gran virtud de que, cuando los demás pierden los nervios, él sigue ahí; cuando la situación resulta insostenible, su figura cobra más fuerza y cuando llegan las críticas, desarma al enemigo con un credo cargado de coherencia y sentido común.
El manual de Del Bosque es tan sencillo como saber escoger lo que nos conviene por encima de lo que deseamos, por eso en su etapa de futbolista su aparente lentitud le acarreó no pocos problemas y hasta el mote de “cámara lenta”, pero Don Vicente, con su pinta de profesor de película de Berlanga, sabía que más importante que moverse con rapidez es pensar con celeridad.
Conoce muy bien que el peligro nunca descansa y el enemigo acecha detrás de cada puerta; que los que hoy le cobijan, mañana le darán la espalda disfrazando su podredumbre en las normas de la vida. Pero, mientras que llegue ese momento, disfrutemos del presente, abramos la puerta a este huracán de las emociones conscientes de que la fortuna es un cristal que brilla, pero que es muy frágil. Pensemos que siempre habrá algún Del Bosque para enseñarnos que por muy alta que sea una montaña, siempre hay un sendero hacia su cima.
“ Es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas” (Jean Jacques Rousseau)

















Comentarios
Ese mote se lo puso el "indio", ¡qué malo tener edad, pero peor aún haber trabajado con él! Lo mismo que resorte miguel angel, el gato de odessa para Gª Remón, el puma Santillana...el soso Gallego, jajaja qué tipo tan peculiar el indio!
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