Desafecto

Las cosas como son
Agustín Castellote

Hubo un tiempo, no hace mucho, que los presidentes de clubes, en su ánimo por enardecer a las masas, iniciaban las temporadas ligueras prometiendo una feroz lucha por lograr el título que tanto ansiaban sus aficionados; eran años en los que, cuando se fichaba a un jugador extranjero, este se presentaba ante la prensa con un papelito escrito en los despachos, que rezaba, espero que mis goles permitan al club obtener el campeonato. Años en los que Valencia, Real Sociedad, At de Madrid, Sevilla, Depor, Athlétic y otros tantos, miraban a los ojos a los eternamente favoritos retándolos a una lucha sin cuartel, que hizo que el fútbol extendiera su pasión por todos los puntos de España.

Hoy se alza el telón de un nuevo ejercicio y todos nos preguntamos ¿Qué ha pasado para que esos tiempos de vino y rosas, donde muchos participaban de la gran fiesta de la ilusión, se haya convertido en un desafío entre dos clubes, mientras el resto se reparte las migajas del dudoso honor de ser tercero? ¿Qué hizo mal el fútbol español en su estructura, en su sentido común, en su planificación o en su ambición desmedida para que hoy tengamos que acordarnos de lo que tuvimos, después de que el tiempo nos haya puesto sobre la mesa lo que tenemos?

Algo está fallando cuando los presidentes ya no pueden prometer títulos, cuando los flamantes fichajes ya no pueden augurar goles de campeonato y cuando todos dan por hecho que la liga será una lucha de dos, que volverán a batir récords de puntuación, de goles, de pichichis o de interés mediático y el resto, para los que sumar un empate con los primeros será entendido como una gesta deportiva mientras luchan por ese título sin corona que es, ser el campeón de los pobres.

El fútbol, hace tiempo que se olvidó de abrazar el sentido común, ocupándose de arreglar el, hoy, desatendiendo los daños colaterales que se originaban para el mañana.

Y aquellos polvos han traído estos lodos, hoy, casi todos los equipos están invitados a la gran fiesta de Real Madrid y Barcelona; la esperada carrera por un título que, se quiera asumir o no, sólo tiene dos candidatos, el resto deberá aplicarse aquello de encontrar objetivos menores para no convertirse en convidados de piedra; mientras que el aficionado, en pleno desafecto por el sistema, se agarra con pasión a sus colores para hacer bueno aquello de que la tragedia de la vida no es no alcanzar tus metas, sino no tener metas que alcanzar.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.
España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  redaccion@eldiariofenix.com