El orgasmotrón
El descubrimiento de los polos norte y sur y de la luna o de los viajes en naves espaciales, submarinos, helicópteros o ascensores descritos por Julio Verne necesitaron menos de un siglo para encontrar a quienes consiguieran plasmarlos en nuestra dimensión y ponerlos a nuestra disposición. Ya advirtió el escritor francés, dotado de una abracadabrante intuición, que “todo lo que uno pueda imaginar, otros podrán hacerlo realidad”.
Ahora parece que llega el momento de hacer realidad el “orgasmotrón”, aquella delirante ocurrencia que Woody Allen nos enseñó en su clásica comedia cinematográfica “El dormilón” (1973). Esta sátira del ideal futurista no sólo nos mostró la clonación de un dictador a partir de la única parte de su cuerpo que sobrevivió a un atentado- su nariz-, sino la existencia de una esfera anti stress y un gran tubo que daba respuesta a la frigidez que supuestamente, como una pandemia, iban a padecer todas las mujeres en el futuro.
El orgasmotrón estaría destinado a dar un placer rápido y carente de amorosos preliminares a personajes futuristas, envueltos en túnicas talares, en jerseys de cuellos altos y redondeados o en tejidos sintéticos, ajustados y metálicos. Pero la realidad nos ha sorprendido en mangas de camisa. Sólo hay que leer con atención los avances científicos que vienen publicándose en la revista “Science Translational Medicine”, con la implantación de microchips bajo la piel para liberar medicaciones contra miles de males que amenazan al hombre moderno.
Es posible que en algún lugar del mundo y por error, como suele ocurrir con todos los inventos, un científico esté a punto de encontrar un sospechoso gemido de placer mientras intenta controlar y anular el dolor que la enfermedad provoca en el ser humano.
Las nuevas tecnologías ya han revolucionado nuestro modo de entender las relaciones de pareja. De hecho, las citas digitales están de moda; en España, sin ir más lejos, la mitad de los diez millones de solteros mayores de 20 años admite tener relaciones a través de internet. Han cambiado los hábitos de consumo: recibimos con una sonrisa las nuevas prestaciones de los dispositivos móviles y nos olvidamos de sonreír a quien nos ama. No tenemos tiempo para el amor. Nos comen las prisas. Merecemos un futuro con eyaculaciones impulsadas por el cloud computing y patrocinadas por las nuevas webs de dating.
Hemos perdido nuestra dignidad humana. Nos han lavado el cerebro en un proceso de reeducación parecido al de Miles Monroe, el protagonista del dormilón, En algún lugar cercano a la médula espinal, bajo nuestra epidermis, un implante de electrodos conectará con nuestra red neurológica para proporcionarnos un orgasmo satisfactorio, que podrá ser activado por control remoto, ordenador portátil, tablets o smartphones. Alguien está a punto de hacer realidad lo que imaginó Woody Allen.




















Comentarios
de todas formas, aunque ya esté inventado, me ha gustado mucho el desarrollo argumental que propones. abrazo
Hola, sieno decirte que el orgasmatrón ya está inventado. Allen se basó en el trabajo del psicoanalista Wilhem Reich
Nuevamente brillante. Felicidades y supongo que alguien te dirá aquello de bienvenido al futuro.
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