España y la caja de pandora
Los que llevamos algunos años en esto y hemos vivido el fracaso y la frustración de tantas eliminaciones prematuras, de tantas derrotas inexplicables; los que a lo largo de los años hemos agotado el libro de las excusas, quizás porque nunca quisimos ver la realidad de los hechos, o quizás porque, viéndola, nunca quisimos reconocerla; asistimos atónitos a la dictadura futbolística de una selección a la que, por razones que se me escapan, todos reconocen como “la roja” cuando de verdad quieren decir España.
Ganar los tres últimos campeonatos disputados, un mundial y dos Eurocopas, hacerlo ante tres rivales diferentes, Alemania, Holanda e Italia, y contar con el respeto y la admiración del mundo entero, que ve en nuestro modelo el espejo en el que mirarse, es algo que a la gente de mi generación, a los grandes sufridores que durante años hemos acompañado a la selección por todo el mundo, ejerciendo de gallitos en la ida para volver siempre con el rabo entre las piernas; nos llena de enorme satisfacción y orgullo.
Descubrir que teníamos la materia prima, abrir la caja de Pandora y entender que nuestro carácter autodestructivo nos impedía reconocerlo, resultó definitivo. El cambio del músculo por el cerebro fue algo más que un pequeño matiz resuelto por aquello de hacer de la necesidad virtud.
España siempre ha tenido grandes futbolistas, jugadores de una calidad contrastada que fueron puestos sistemáticamente bajo sospecha por esa absurda lucha entre puristas y pragmáticos. Hoy, afortunadamente, tenemos grandes jugadores como antaño, pero también tenemos un modelo; un modelo que se ajusta como guante de seda a las características de nuestros futbolistas y que ha propiciado el salto de calidad desde donde ahora nos movemos con hidalguía. Pero ese maldito carácter autodestructivo nos vuelve a plantear la duda ¿Qué pasará cuando llegue la derrota? ¿Qué pasará cuando los intereses apocalípticos de cierto sector de la prensa encuentre la veta para subir su audiencia? ¿Volverán las dudas? Parece inevitable que, antes o después, esto ocurrirá; por eso disfrutemos del momento y cuando llegue: Que nos quiten lo bailao.
“Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él “(Florence Nightíngale)

















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