Fórmula 1: ante el mejor Mundial de la historia

HASTA SEIS PILOTOS SE DISPUTAN EL TÍTULO
ESPAÑA

"Para llegar primero, primero hay que llegar", esta perogrullada de Juan Manuel Fangio, uno de los grandes mitos de la Fórmula 1, resume perfectamente el sentir de la gran parte de la parrilla en el ecuador de la competición a pocos día de su reanudación tras el parón estival.  Al menos, la cita del argentino va destinada a los que compiten por la gloria y es que hasta seis pilotos se disputan el mejor y más ilógico mundial de la historia.

Todavía es pronto para correr con la calculadora pero un viejo zorro del asfalto como Fernando Alonso, curtido en mil batallas y considerado por todos como el mejor de los 24 que conforman la F1 actual, empieza a hacerlo. Es el único que sabe, el único que puede permitírselo. Así quedó demostrado tras un fin de semana con poco que ganar y mucho que perder hará casi un mes en Hungría.

Un campeón como Damon Hill reflejó perfectamente qué se siente cuando no se logra ser el número uno. "Ganar es todo. Si quedas segundo, sólo lo recuerdan tu mujer y el perro".  Ahora, Alonso aventaja en 40 puntos al segundo clasificado pero ni su Ferrari es el más rápido ni a sus rivales se les ha agotado el talento y se les ha calado el motor. Así, Mark Webber, Sebastian Vettel, Lewis Hamilton y Kimi Räikkönen tienen opciones de superar al español.

Este fin de semana, en Spa

La siguiente prueba es este fin de semana, en el revirado y mítico circuito de Spa, en Bélgica, con la mítica Eau Rouge, aquella subida infernal con curva que pocos hacen con el pedal a fondo y donde Ayrton Senna decía que hablaba con Dios.

El tiempo de descanso tocó a su fin. Los pilotos se perdieron por islas paradisiacas durante unos días pero las fábricas seguieron carburando. Ganar tiempo al tiempo. Ésa es la fórmula del éxito en este deporte. Lograr dos míseras y mágicas décimas para el tramo final del campeonato se ha convertido en una quimera en las escuderías que luchan por subir a lo más alto del cajón.

Todo por un coche ganador y para ser el piloto más rápido del planeta. Con toda Italia rendida al talento de Alonso pues allí Ferrari es la segunda religión, alcanzar el título mundial que no se consigue desde 2007 con Iceman Räikkönen al volante, roza la obsesión tras un lento peregrinaje. Casi sería como abrir las puertas del paraíso. La llegada de un nuevo Mesías.

Evolucionar un coche, exprimirlo al máximo, conocerlo hasta el infinito y llevarlo al límite. Cuatro premisas tan básicas como difíciles de lograr. Un poker que otorga victorias pero no campeonatos, pues la suerte y la mecánica juegan como el croupier de un casino. El mejor de todos, dicho por todos, sabe hacerlo y lo ha hecho una vez más. Con una máquina inferior desde los primeros entrenamientos en Jeréz, Alonso ha obrado milagros, ha superado rivales, ha ganado carreras y ha hecho creer a la familia ferrarista que el milagro es posible.

 Un campeonato paralelo

Pero no sólo está en juego el campeonato del mundo de pilotos. Hay dos que juegan otro más complicado. El crédito de Felipe Massa llega ya a la reserva y empieza a cobrar fuerza el rumor de la vuelta de Räikkónen. Así está el otro cockpit en la marca del Caballino Rampante. El que lo tiene un poco mejor para seguir vestido de fulgurante plata es Lewis Hamilton. El británico no lucirá el rojo mientras Fernando Alonso esté en la mítica escudería. Allí, el peso del español es colosal y por el respeto reverencial que se le tiene, jamás osarían desafiarle con una traición semejante. Lo único que le falta es ser italiano dicen en el país transalpino.

Así y con Mark Webber recién renovado por Red Bull, Michael Schumacher inamovible en Mercedes, al campeón del mundo de 2008 sólo le queda renovar con McLaren, eso sí, a la baja y muy lejos de los emolumentos solicitados hace meses.

No resolvió su situación contractual hace un año por estirar el stint (parada en boxes) y dejarse querer por otras escuderías. Pero nadie ha llamado a su puerta y Ron Dennis, su patrón lo sabe: “Está al término de un contrato que se firmó en un momento en el que la economía era diferente. Ahora tiene que encontrarse un equilibrio”.  El jefe de McLaren es un hueso duro de roer. Se las tuvo tiesas con un mito como Ayrton Senna y ganó al que para muchos es el mejor piloto de todos los tiempos. Ambos negociaban un nuevo contrato pero les separaba medio millón de dólares y ninguno cedía. Se solventó con una moneda al aire. Salió cruz para el brasileño.

El padre y manager de Hamilton dejó de serlo hace dos años y la relación se ha deteriorado desde entonces. Es la empresa XIX Entertainment quien le gestiona su futuro pero este sólo pinta de gris plata. Nada más y nada menos. Lejos de aquel primer y multimillonario contrato, ahora a Hamilton sólo le queda talento que ofrecer y una pluma donde rubricar su firma. Dennis se sabe victorioso: “No hay ninguna razón por la que Lewis no pilote con nosotros en el futuro”. Ayrton Senna siempre lo tuvo claro, "Si llevas el control es que no vas al límite". Hamilton parece haberlo perdido.

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