Gente buena, la hay
Primero fueron los ladridos rabiosos y los alaridos; luego, unos gritos y más alaridos. De la lectura, a la búsqueda desde el balcón. Ocurrió ayer en Matalascañas (Huelva), y allí estábamos mi madre y yo, desde las alturas, intentando entender lo que estaba pasando y de repente los vimos: tres perros salvajes peleándose por un gato.
Eran grandes y repito, salvajes. La escena nos sobrecogió porque tuvimos miedo e impotencia. ¡Nadie iba a hacer nada! dijo mi madre. Y llegaron: era una joven pareja; él tenía un skate y los dos empezaron a gritar y a mover los brazos para que dejaran al gato. Sin miedo. Lo consiguieron. Huyeron. Creo que todos sabíamos que el animalito estaba herido de muerte; él también. Eligió los bajos de un coche para tumbarse. La pareja intentaba averiguar cómo estaba, agachándose, arrastrándose... por un gato... desconocido. Ese es el verdadero ser humano.
Y lo llamaban pero nada. Le dije a mi madre: "Mamá, baja tú, que tú tienes muy buena mano con los animales". Y mi madre bajo con su vestido rojo. Yo los miraba desde arriba, con la esperanza del milagro. Pero tras veinte minutos de llamadas, mordeduras de labios y lágrimas, optaron por esperar a que acabara todo. El chico dijo que no le quedaban más que unos minutos de vida. La chica se puso a andar porque no quería oírlo. Decidieron esperar y respetaron distancia con la intención después de recogerlo y enterrarlo. Era domingo, momento de siesta o de sobremesa. El sol apretaba pero hacía viento.
Y los tres no pensaron en ningún momento que estaban perdiendo el tiempo: eso fue lo que mojó mis ojos. No me lo dijeron pero sus actos fueron aún más claros que las palabras. El tiempo. Lo más valioso para mí. Mi madre volvió a casa. Y nos quedamos en silencio. Al rato, me volví a asomar: y lo vi. Seguía bajo el coche pero más cerca de la rueda delantera. ¡Lo vi! Se lo dije a mi madre que volvió a bajar. Cuando la pareja la vio andando a paso ligero, le preguntaron que qué pasaba y ella les dijo que su hija había visto al gato. Y se fueron los tres hacia el coche. Y así era. Ahí estaba. Hizo lo que pudo.
Mi madre se dio la vuelta y con la mano me dijo que no, que estaba muerto. Perdí de vista a la chica que volvió a aparecer con un palo de escoba y una bolsa. Y los tres, con la boca y un ojo apretados lo sacaron. Y se enterró bajo unas plantas de una de las dunas más bellas del mundo. Y ahí estaban los tres. Mirando la arena. Gracias, mamá y gracias anónimos. Sólo me queda deciros que sois buena gente. Y eso me reconcilia con el mundo.
P.D.: Al Ayto. de Almonte, le ruego que hagan algo con estos perros salvajes. Ayer fue un gato. Mañana puede ser un niño. No eran perros abandonados. Eran perros salvajes y van en grupo. Son peligrosos.

















Comentarios
El fin de semana pasado volvimos a Matalascañas. Era ya tarde cuando llegamos. Estuvimos más de una hora dando vuelta para aparcar. LLamé a mi madre para que no se preocupara.Por fin, lo conseguimos. Fuimos para casa y al poco tiempo, nos bajamos los tres para tapear algo. Aparte de contarnos las novedades de la semana, unos gatitos nos entretuvieron bastante: eran cinco por lo menos y no tendrían ni dos meses. De vuelta a casa, descubrimos, entre unos matorrales, el escondite que había elegido la madre.
Ayer, mi madre me llamó para decirme que la vecina de abajo le había dicho que el día anterior había visto a los perros salvajes (esta vez, eran cuatro) y que uno tenía en su boca a un gatito. Mi madre se fue al matorral y ya no había nada, ni nadie.
P.D.: Al Ayto de Almonte, de nuevo, le ruego, que actúe antes de que lo lamentemos.
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