Humilde
Repite un erudito que le gusta más Quevedo que Góngora, cielo santo, aquello que yo me atrevía a proferir cuando era adolescente –cuando era aún más adolescente de lo que todavía soy-, y se queda tan ancho. No, mira, sé que Quevedo era un amargo desparpajado de Madrid, insuperable en la sonoridad de los desprecios, impresionante versificador y con no poca beta poética en su vertido. Pero la mina, señor, la mina para orfebres, era Góngora. No me creas, que no te pido fe. Decide si seguir en tu ignorancia. Sé aún mejor que Juan Ramón los inscribe a ambos, a Góngora y a Quevedo, en la lista de literatos, no en la de poetas. Tampoco Juan Ramón desconocía que el literato, a veces, es poeta, y lo contrario (el poeta, a veces, literato). Con seguridad les pasa a Góngora y a Quevedo, pero autor de organismos vivos, marañas de broncíneas celosías bajo la bellísima rosa de una huida profunda, como son la Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades, sólo es el cordobés, el amargo y complejo cordobés luminoso.
También sé, compañero, que siglo y medio antes que Góngora y Quevedo, el teólogo alemán Nicolás de Cusa veía claro el concepto de coincidentia oppositorum, la coincidencia o convergencia de los opuestos en una única unidad que él llama Dios y acaso también podemos nosotros llamar Universo. Qué curioso: lo hace en una obra que titula Docta Ignorantia, algo parecido a lo que te he atribuido en el párrafo anterior. Erudito yo de estas cosas, luego también algo docto en mi ignorancia, me declaro muy limitado para entender los acuerdos de la Unión Europea de estos pasados 28 y 29 de junio de 2012 en Bruselas. Pero quiero decirte la idea que he sentido, que algo tiene que ver, me parece, con lo hasta aquí expuesto.
Contento –o aliviado- de que a Rajoy le haya salido bastante bien, me ha surgido la pregunta por su labor preocupada por el ahora de tantos y de tantas españoles y españolas: por su labor socialdemócrata, perdona. Por la labor así socialdemócrata del técnico Monti. Igual, te lo juro, me pregunté por la labor democristiana de Felipe González junto a su obeso amigo Khol, por el democristiano entendimiento de la modernización que tanto fumó en puros junto a poderosos banqueros el gran socialista de Sevilla. Y la verdad, he recordado lo de la coincidentia oppositorum. Poetas y literatos son al final la misma mezcla de retrete y amor, me he dicho. Ya, de hecho, he sentido y repetido bastante otra idea, acaso la misma: que los de izquierda no somos mejores que los de derecha, sino la misma mezcla. Aunque otra cosa, me sigue pareciendo, son las ideas.
Apunte final de ternura periodística: Draghi y Van Rompuy, con su subrayado de “estricta condicionalidad” y su “nada es gratis” respectivos, no necesariamente contradicen el “no hay contrapartidas macroeconómicas” para la recapitalización de la banca española pronunciado por Rajoy. Draghi y Van Rompuy, aunque lo olvide Miguel González en El País del sábado 30 de junio, pueden estarse refiriendo, como tanto también se nos ha dicho, a condicionalidad (disculpemos palabro) para las entidades ayudadas, que no macroeconómica. Pues no es mucho, así lo espero.

















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