Mamandurrias
La presidenta de la Comunidad de Madrid, tan austera ella que se niega a decir cuántos asesores tiene su gobierno, habla de que se deben acabar las subvenciones, subsidios y mamandurrias. Esta mujer lía conceptos porque lo que llama subsidios son en muchos casos prestaciones por las que los ciudadanos que las disfrutan han pagado, han cotizado religiosamente.
Cuando la señora Aguirre se perfila los ojos embadurna la viga maestra del edificio de las mamandurrias pero encuentra resto del carboncillo negro en los ojos de cualquiera.
Habla de subvenciones pero tiene lagunas de memoria (suele ocurrir cuando se hace liberal el cerebro). Por ejemplo la subvención pública a la enseñanza privada subió un treinta por ciento en cinco años. Los fondos para la Iglesia o los toros no han bajado ni un euro en una época de recortes. ¿Se refiere a esas subvenciones la señora Aguirre?
La palabra que más me ha gustado de su frase es mamandurrias. Suena bien y significa en castizo “sueldo por la cara”.
Así que cuando un político votado por sus ciudadanos se limita a cumplir órdenes y administrar en vez de hacer política…. ¿Podemos hablar de mamandurria? Si el Gobierno se limita a cumplir la hoja de ruta de la señora Merkel, podemos eliminar el Congreso, el Senado, el Gobierno, sus ministerios, su legión de asesores… Y si las Comunidades autónomas hacen lo mismo con las órdenes del Gobierno de España que a su vez emanan de Bruselas…
Hay dos señoras muy simpáticas que solemos localizar en la fiesta de la banderita y actos de similar importancia y boato. Nacieron en muy buena familia y sólo por ello cobran por gastos de representación, junto a la Princesa y la Reina casi 400 mil euros al año. ¿Son eso mamandurrias?
Resulta que desde que el PP ha llegado al poder, la familia de Esperanza Aguirre ha conseguido aumentar su mérito y capacidad de manera repentina. Su hermana es asesora de la alcaldesa de Madrid y su hijo del Secretario de Estado de Comercio. ¿Cómo llamamos a eso? Sabemos que estamos en la sociedad digital, pero tiene el dedo la señora Aguirre desgastado de tanto señalar.
Los empleados públicos a los que la señora Aguirre y el gobierno de Rajoy tanto señalan (y denigran) estudiaron unos cuantos veranos para sacar unas oposiciones. Tienen sobrada cualificación y conocen los temas que llevan tratando años. Pero no les sirven para dar consejos y palmaditas en los cansados hombros a nuestros políticos. Así que necesitan colocar a sus familiares y amigos, a sus compañeros de partido, a aquellos que les llevaron a un puesto orgánico que les permitió llegar a un sueldazo público. A cambio son colocados en la administración por la cara, sin funciones reales en muchos casos, como pago de una larga cadena de favores. Para que haya dinero para esas mamandurrias se elimina la séptima parte del sueldo de los que aprobaron la oposición y saben de lo que hablan.
Muchos de esos políticos a los que se les llena la boca de hablar de la ineficiencia de lo público jamás han tenido un trabajo fuera de la política. Ni siquiera las relaciones familiares de algunos de ellos les han permitido trabajar en la empresa privada. Ni sus conocimientos aprobar por mérito y capacidad una oposición pública. Los señaló un dedo amigo y desde entonces viven cómodamente instalados en la lista de algún partido, sin saber de despidos, contratos temporales o de temarios de opositor.
Pero este chalaneo de puestos dura años y alcanzó a las cajas de ahorro. Allí cada cual colocó a sus amigos o a los cargos públicos que había que sacar de tal o cual lugar. Estos brillantes gestores que alcanzaron su puesto por méritos como estudiar con un presidente del Gobierno o apoyar a X para secretario general en su región hundieron el sistema financiero. Ahora los bancos alemanes quieren el dinero que esos genios pidieron prestado y todos nos vamos a la miseria para pagar la deuda de la cuadrilla de la mamandurria.
Pero el gran problema somos nosotros, que vivimos demasiado y vamos a hundir el sistema de pensiones, que nos ponemos enfermos todos a la vez, que queremos cobrar un sueldo que nos permita pagar la hipoteca y los gastos. Y sobre todo que tenemos el atrevimiento de considerar que pagamos impuestos para recibir servicios públicos. Están profundamente equivocados. Son para pagar la deuda de los bancos y las mamandurrias de todos los y las Aguirres. El resto (carreteras, sanidad, educación, asistencia) debe ser de pago. ¡A ver si se enteran!

















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