Niños de Córdoba, ¿hasta cuándo el silencio?

El sillón del psicólogo
Marisa Cercas

¿ Hasta cuándo mantendrá su silencio el padre de los niños de Córdoba? ¿Cuánto tiempo más resistirá sin decir la verdad?

Pasan los días, los meses enteros y a medida que el tiempo pasa parece más imperturbable; parece ganar más que perder, parece seguir avanzando en la justificación de su verdad. Se ha construido una realidad paralela que logra confundir a la opinión publica. Ha construido una  realidad que, a base de engaños, mentiras  y trampas, a los demás nos aleja mucho más de la verdad pura y dura.

 ¿ Qué ha pasado con esos niños? ¿ dónde están? ¿por qué han desaparecido? Son preguntas que cada día se estará haciendo la madre; pero para las preguntas que estoy segura se hace, ella tiene  respuestas, sus respuestas.

Después de reflexionar acerca de la conducta que ha dado lugar a estos  hechos tan dramáticos y lamentables, no queda más que concluir que estamos ante un sujeto con un nivel de autoestima muy bajo, algo que le ha llevado a tener toda una serie de pensamientos negativos y destructivos sobre la persona que se los genera: la madre de sus hijos, ya que  frente a ella se siente mucho más inseguro.

 No nos  podemos engañar; la víctima, a la que ha querido castigar, hacer daño, es la madre, no han sido los niños; ellos han servido de vehículo del que se ha servido para llevar a cabo sus planes, su venganza contra esa persona a la que responsabiliza de sus desgracias, la que no le escucha a pesar de sus súplicas, ante la que se siente humillado.

¿ Cómo actuar entonces? si partimos de la base, de que  la madre es la víctima, bajo mi punto de vista, se  están haciendo las cosas mal.

 Mientras dure el  silencio, el dolor de la madre  seguirá creciendo, su desesperación irá en aumento y, por lo mismo, en él crecerá la sensación de placer, de alegría,  de satisfacción por el logro del objetivo planteado: hacer daño a la madre, a su ex-mujer.

  Se mantiene esta conducta porque la respuesta que se obtiene es la deseada, la buscada, la prevista cuando proyectó  sus planes, minuciosamente trazados. Tras un estímulo determinado siempre habrá una respuesta concreta. Cambiemos esta pauta.

Para que el padre hable, nosotros debemos callar, debe, ante todo, callar la madre. se hace necesario provocar una respuesta contraria a la buscada, para ello, entre todos, como una piña, debemos guardar silencio.

No más comunicados de  prensa, no más manifestaciones de dolor, no más apariciones en  prensa de la madre. Busquemos para ello la complicidad de los medios de comunicación, de los ciudadanos, de los familiares.

Seamos por una vez nosotros los que tengamos la sarten por el mango. Dejémosle un tiempo  sin esas respuestas que buscó. Hagamos que se ponga nervioso, que se pregunte que está ocurriendo, porque ya no sabe si su ex-mujer llora o no, si ya no puede hacerle daño, si ya no sufre tanto.

¿ Porqué no probarlo? No  tenemos nada que perder y, sí mucho que ganar, porque estoy segura de que terminará dando alguna señal.

Guardemos silencio, nuestro silencio, el que le corresponde a esa madre, un silencio público, un silencio acompañado, un no hablar para lograr, de una vez por todas, que sepamos la VERDAD.

    

Comentarios

Efectivamente, opino que la táctica a seguir es la de no hablar ni demostrar nada, a la espera de que desespere ante el silencio sin la comprobación de si logra su cometido de hacer sufrir. Llegará a tal desesperación que no podrá dominarse y se vendrá abajo su aparente fortaleza, y confesará

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