"Nos quitarán la cabeza, pero no nos quitarán las ideas"

MUJERES (CON CORAJE) EN EL MUNDO: GLORIA AMPARO SUÁREZ, de COLOMBIA
Colombia

En los ojos de Gloria Amparo Suárez brillan las estrellas de la esperanza. En su voz resuena el calor de la solidaridad, de la compasión. A pesar de la guerra. A pesar de la violencia cotidiana. A pesar del horror.Gloria es la coordinadora responsable de la Organización Femenina Popular (OFP) de Barrancabermeja, capital del Magdalena Medio, una de las regiones de Colombia más tocadas por la violencia generada por un conflicto armado, que devasta el país desde hace décadas.

“El Magdalena Medio es una de las regiones económicamente más potentes de Colombia, sobre todo por el petróleo”, explica Gloria. “Para recuperar terrenos, se desalojaron familias enteras.  Los paramilitares vinieron instigados por los funcionarios como estrategia del estado, para hacer el trabajo sucio que las fuerzas militares y la policía no podían realizar sin dañar su imagen. Los utilizaban (a los paramilitares) para sembrar el pánico y el terror y provocar el desplazamiento de la gente. Utilizo el pretérito pero la situación sigue igual. Por una cuestión de imagen internacional se desmovilizaron a los paramilitares; sin embargo siguen actuando bajo el eufemismo de bandas criminales.” 

El próximo día 20 de julio, la OFP cumplirá su 40° aniversario. Se trata de un proceso organizativo, social y político de mujeres, basado en los principios de civilidad y autonomía. Desde la resistencia activa al conflicto armado y a toda forma de violencia, la OFP trabaja por la defensa de la vida digna y los derechos humanos integrales de las mujeres y sus pueblos mediante la organización, la formación y la movilización popular como posibilidad de transformar la realidad y conseguir la paz con justicia social en Colombia. A pesar de las amenazas y de las intimidaciones, la OFP sigue en pie, más fuerte que nunca.

 “Las mujeres de la OFP somos muy tercas. Se suele decir que a nosotras es más fácil quitarnos la cabeza que quitarnos las ideas”, bromea muy serio esta valiente mujer de 43 años. “La OFP empezó en el 1972 como parte de la Iglesia Católica. A principios era un simple club de amas de casa, un espacio de capacitación para que las mujeres pudieran aprender a leer y a hacer las cosas que le sirven para el hogar. Con el tiempo, las mujeres se dieron cuenta de otras problemáticas que tenían en común: la violencia, el desalojamiento, la falta de viviendas, de centros de salud, de escuelas, de guarderías. A partir de allí las mujeres empezaron  a generar un proceso organizativo entre ellas para ir resolviendo estas necesidades, un verdadero movimiento social y popular. En el 1988, gracias al apoyo económico de un grupo de mujeres católicas en Austria, nos  independizamos de la Iglesia y construimos la Casa de la Mujer, sede de la OFP. Desde entonces tenemos nuestros propios programas y proyectos, nuestra propia dinámica centrada en todos los temas relacionados a la mujer y a su familia. Todo eso generó cadenas de mujeres contra la guerra y por la paz.”

Los paramilitares

En el 2000, los paramilitares tomaron la ciudad a sangre y fuego y acusaron a sus habitantes de colaborar con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Como consecuencia de la represión y de los desplazamientos, la población se redujo de 250.000 a 150.000 personas. En el 2001, destruyeron la Casa de la Mujer. “Hasta que limitamos nuestras actividades a programas de capacitación, a preparar almuerzos para las familias desplazadas y sin recursos, a prestar atención psicológica a las mujeres, a cuidar los temas de la salud y de la cultura, no había ningún problema. Sin embargo, desde el momento que empezamos a presentar denuncias, a defender los derechos humanos, a visibilizar la realidad tan cruda de la guerra, cambió el panorama. Nos convertimos en una piedra en el zapato de muchos actores legales e ilegales, cuyo objetivo era amedrentar y acallar el pueblo. Además, la OFP ha construido más de 900 viviendas en Barrancabermeja y su región, lo que ha impedido el desplazamiento de mucha gente. Para el actor armado, la Casa de la Mujer era todo un símbolo de resistencia en un sector donde querían implantar el terror. Destruir nuestra casa, sinónima de vida, era una forma de decirnos que nos teníamos que ir.”

Lo que no consiguieron. Las mujeres organizaron una marcha de los ladrillos, de puerta a puerta, para que cada ciudadano de Barrancabermeja done un ladrillo o un poco de arena. Con el material recaudado, reconstruyeron su Casa. Este es uno de los muchos ejemplos de la capacidad de resistencia de las mujeres de la OFP.

“Hay que ser valientes para luchar en una región dominada por el terror. Sin embargo no hay otra opción”, subraya Gloria. “Somos víctimas, pero víctimas que no aceptan su situación, que dan y defienden la vida, así como lo dice nuestro lema: ‘Las mujeres no parimos ni forjamos hijos e hijas para la guerra’. En las orillas del rio Magdalena, las mujeres buscan los cuerpos de sus hijos. Los paramilitares los matan, los desmiembran, los cortan en pedazos y los arrojan a sus aguas. Estamos todas juntas y esta solidaridad nos da la fortaleza y la valentía necesarias para poner denuncias. Sí, tenemos miedo; si, estamos asustadas, pero aprendimos a vivir con este miedo y gracias a nuestras redes de apoyo, seguimos adelante, a pesar de que quieran aniquilarnos.”

Un combate que tiene muchos costos. Asesinatos y violencia sexual son las armas utilizadas por los paramilitares, desmovilizados o no.

“Dicen que la violencia ha disminuido. Eso no es cierto. El gobierno del presidente Santos tiene el interés de mostrar un país que ya no tiene guerra, que está en situación de post conflicto, donde se está construyendo la democracia, donde se está trabajando por la paz, pero realmente lo que vivimos es muy diferente. Se siguen recogiendo los muertos en el rio, siguen las desapariciones, los desplazamientos. La violencia sexual contra las mujeres, usadas sistemáticamente como arma de guerra,  han venido ampliándose muchísimo. Es una nueva forma de persecución a las líderes, a las defensoras de los derechos humanos. El actor armado y el estado son muy astutos. Dicen que se trata de ajustes de cuenta, de delincuencia común, mientras que son ellos mismos que vienen actuando. En el 2011 se denunciaron 220 casos de violencia en Barrancabermeja y más de 4000 en todo el país. Y eso que sabemos que solo se denuncia una de cada diez agresiones.”

"Quisieron quitarme a mis hijos"

Gloria Amparo Suárez ha sido amenazada personalmente en diferentes momentos. Es la representante legal de la OFP y por la tanto no es una sino muchas las denuncias que ha puesto y sigue poniendo.

“A mí lo primero que me amenazan es con quitarme a mis dos hijos. Lo hicieron por primera vez hace diez años cuando tenían respectivamente 5 y 6 años. Junto a una compañera, puse una denuncia contra un jefe paramilitar que había ordenado atentar contra la OFP. Nos amenazaron para que la retiremos. Viví durante cuatro meses en la Casa de la Mujer separada de mi familia para protegerla; sin embargo no retiré la denuncia. Echarme atrás hubiera sido decirles que podían disponer de nuestros hijos cada vez que lo quisieran. En el 2006, dijeron que tenía un mes para salir de Barrancabermeja y hace unas semanas se presentaron otra vez en mi casa a las once de la noche, por una nueva denuncia que había puesto.”

En día de hoy, Barrancabermeja ha perdido algo del espíritu festivo que en otro tiempo simbolizaba la ciudad.

“Nos han matado muchas cosas y se perdieron algunas tradiciones pero lo que no pueden matar es la esperanza. Seguimos organizando fiestas, porque representan una forma de resistencia de la población para mantener el tejido social. Mientras que sigue viva la esperanza hay posibilidad de muchas cosas y parte de eso es mantener la alegría, los encuentros a través del sancocho, del baile, de las actividades del pueblo. Tenemos que seguir juntándonos, cantándole a la vida. Sabemos que podemos hacer cambiar muchas cosas. Seguramente no lo vamos a ver nosotras pero hay que seguir trabajando en eso. Queremos una realidad diferente para nuestros hijos, una verdadera construcción de paz. Hay que seguir apostando aunque sabemos que a corto plazo no va a ser, porque no existe una voluntad política de paz. La guerra es un negocio para muchos. Son demasiados los intereses que tienen las multinacionales, los actores armados, el Estado.  Pero creemos y luchamos para que algún día cambien las cosas”, concluye Gloria Amparo Suárez, que sabe que cada vez que habla con la prensa internacional, cada vez que sale de su país para dar visibilidad a la situación real que sigue dominando su país, pone en peligro su vida. Lo hace por sus hijos, por su tierra. Porque cree en los derechos humanos. Porque cree en un amanecer diferente.

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