Protesta espectáculo para la información espectáculo
La película Full monty, de 1997, en la que un grupo de desesperados trabajadores en paro terminan montando un espectáculo de striptease masculino, inspiró una modalidad de protesta que todavía aparece, de vez en cuando, en el variado campo de la escenificación reivindicativa. Bomberos, conductores de ambulancia o empleados de correos, así como defensores de los animales, figuran entre los profesionales o los activistas que en los últimos años, en España, han recurrido al desnudo integral para reclamar sus derechos o exponer sus denuncias.
Quizá sea la organización ecologista Greenpeace la que más ha recurrido en todo el mundo a acciones espectaculares para lograr el máximo impacto mediático de sus campañas en defensa del medio ambiente. Pero, en general, los organizadores de movilizaciones sociales de cualquier signo y finalidad tratan de darle un punto de originalidad o de escándalo a sus acciones para tratar de abrirse un hueco en los medios de comunicación.
Son “exigencias” de esta época, en la que se ha consagrado lo que podríamos llamar espectáculo informativo. En determinada manera de entender el periodismo siempre ha primado lo escandaloso sobre lo importante y, como consecuencia, la manipulación sobre la objetividad. Pero los vertiginosos avances tecnológicos, junto con otras infiltraciones en el negocio mediático, han convertido en hegemónica esa manera de periodismo que, en otros tiempos, llamábamos “amarillo” (ahora, casi todos los medios “amarillean”). Para integrarse en la información espectáculo, hasta las fuerzas antisistema recurren a la protesta espectáculo que les haga visibles en las noticias.
El Sindicato Andaluz de Trabajadores (antes Sindicato de Obreros del Campo) viene practicando la protesta espectáculo casi desde que nació, de la misma forma que tuvo que hacer frente, en su gestación a partir de las comisiones de jornaleros, a la dura represión de los últimos años del franquismo, un régimen que en su agonía (la del dictador que lo encarnó) pretendía resucitar la ferocidad de sus comienzos. Limitado en su afiliación y en su espacio de actividad, con una ley electoral que dificulta su representación sindical, el SOC (ahora SAT) ha ido forjando una influencia mediática superior a su fuerza real a golpe de marchas kilométricas con banderas al viento y ocupaciones de fincas y de instituciones (hasta de la televisión autonómica), en acciones sorpresa cuidadosamente avisadas en el último momento a los medios.
En esa línea, esta semana, y después de llevar quince días ocupando una finca mal aprovechada por el Ministerio de Defensa sin que los medios de comunicación le hubiesen prestado demasiada atención (era un espectáculo repetido), los activistas del SAT se lanzaron al asalto de dos hipermercados con el objetivo de “expropiar” alimentos básicos para distribuirlos entre los más necesitados. La presencia en uno de los asaltos de Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda (Sevilla) y diputado de Izquierda Unida en el Parlamento de Andalucía, ha dado mayor resonancia a estas acciones, calificadas de puramente simbólicas por sus protagonistas, conscientes de que un asalto esporádico no resuelve el hambre que está provocando la crisis en Andalucía y en España, como ya se encargan de recordarnos los informes periódicos de Cáritas.
En efecto, estas acciones no pasan de la categoría de protesta espectáculo, que es de esperar que no se atrevan a superar con el atraco a un banco (como símbolo del atraco al que someten banqueros y gobernantes a la mayoría de los ciudadanos), pero a la derecha mediática y política le sirve para rasgarse hipócritamente las vestiduras ante un líder de izquierdas presuntamente pillado en flagrante delito, a diferencia de los políticos de derechas, cuyos posibles delitos se desvanecen en laberintos judiciales desalojados previamente de instructores incómodos.
A la izquierda, junta o por separado, con o sin Sánchez Gordillo, quizá sólo le quede montarse un “full monty” para simbolizar su desnudez de propuestas viables ante una crisis que se está llevando por delante conquistas sociales que había creído irreversibles.

















Comentarios
Esto de darse codazos para hacerse un huequecito en los medios de comunicación se está convirtiendo en una carrera, a ver quién mea más lejos, que ya quisieran en los Juegos Olímpicos de Londres.
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