Un mundo mixto, por favor

MI CANTO ALBANÉS
Catrina Winkler

Los hombres han dominado el mundo desde siempre. Pero la crisis está cambiando todo. Hace años que el mundo es testigo de un discreto pero fundamental traspaso de poder de los hombres a las mujeres. Hoy, la recesión ha convertido lo que era un cambio evolutivo en un cambio revolucionario. La consecuencia no sólo es un golpe mortal al club masculino llamado capitalismo financiero, que nos ha metido en la catástrofe económica actual, sino que es  una crisis colectiva para millones y millones de hombres trabajadores en todo el mundo.

Otro cambio a tener en cuenta: los hombres están quedándose atrás en la adquisición de las credenciales educativas necesarias para triunfar en las economías basadas en el conocimiento que regirán el mundo posterior a la recesión.    

Para empezar: el impacto desproporcionado que está teniendo la crisis en los hombres, hasta tal punto que algunos economistas hablan ya de “he-cession” (“él-cesión”). ¿Por qué? Porque los sectores económicos tradicionalmente dominados por los varones (construcción y fabricación pesada) han sufrido una mayor y más rápida caída  que los tradicionalmente dominados por las mujeres (empleo público, sanidad, educación).

Los hombres sufren más en la “él-cesión”, porque están peor equipados para abordar los costes psíquicos a largo plazo de la pérdida de su trabajo.  En otras palabras, aumentan los hombres desgraciados, con todas las repercusiones negativas que eso tiene.

Fijémonos, ahora, en las reacciones electorales que han despertado este cambio. Cuando la economía islandesa se hundió, los votantes hicieron algo que no habían hecho en ningún otro país: no sólo expulsaron a toda la clase dirigente –compuesta exclusivamente por hombres– que había supervisado el origen de la crisis, sino que designaron a la primera dirigente, abiertamente lesbiana,  del mundo como primera ministra. Era, dijo Halla Tomasdottir, responsable de uno de los pocos bancos solventes que quedaban en Islandia, una respuesta perfectamente razonable a la rivalidad  de la banca de inversiones dominada por los hombres. Lituania, cargada de deudas, adoptó una vía semejante y eligió a su primera mujer presidenta: una economista, cinturón negro de kárate, llamada Dalia Grybauskaite. El día de su victoria, el principal periódico de Vilnius publicó este titular: “Lituania ha decidido: una mujer va a salvar el país”.

Un ejemplo es la burbuja inmobiliaria, que explotó con gran violencia, sobre todo, en Occidente. La burbuja representaba una política económica que disimulaba las perspectivas cada vez peores de los obreros. En España, por ejemplo, el auge del sector de la construcción generaba puestos de trabajo relativamente bien pagados para los trabajadores relativamente no cualificados que constituían el 97,5% de su fuerza laboral, con un promedio de 581 euros semanales. En cambio, los puestos de trabajo típicamente femeninos de la sanidad tienen un salario de 400 euros semanales, y los del comercio, unos 530. Otros sectores también dominados por los hombres, como el inmobiliario, la producción de cemento, el transporte por carretera y la arquitectura, vieron aumentar sus puestos de trabajo. Todos estos salarios derivados de la construcción hacían que los hombres siguieran teniendo ventaja económica sobre las mujeres. Cuando se pregunta a los responsables políticos por qué no hicieron nada para cortar de raíz la inflación de la burbuja, siempre dicen que el sector de la vivienda era un poderoso motor de empleo. Es verdad que subvencionar lo masculino tenía enormes ventajas y pinchar la burbuja habría equivalido a un suicidio político.

La respuesta no es entregar todo el poder a las mujeres. Pero hay buenas razones para pensar que la toma de decisiones de forma colectiva entre ambos sexos es un buen camino a seguir. Ellas (en su conjunto) tienden a ser  más reacias al riesgo, menos agresivas, más empáticas, se dejan llevar menos por la competitividad y prefieren decisiones consensuadas. Existe también una razón evolutiva: desde el inicio de los tiempos, han tenido que arreglárselas con las disposiciones de los hombres. Este efecto equilibrante, se podría llegar a mejores decisiones si las tomaran juntos. Recientes investigaciones demuestran que, cuando esto se produce, todos quedan más satisfechos con el resultado que cuando son producto de grupos sólo masculinos. Y lo que es más, los grupos de toma de decisiones mixtos son menos propensos a aceptar riesgos que los formados sólo por hombres. La verdadera igualdad de género podría ser un prerrequisito para políticas óptimas y racionales, en el hogar, el país o la comunidad internacional.

 Solía decirse que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer.

Comentarios

Sin duda también he reflexionado sobre la conveniencia de tomas de decisiones conjuntas o mixtas, y creo que estamos abocados a ello por lógica,solo es cuestión de tiempo.

Particularmente no soy ni generalista ni extremista, odio estos dos puntos, es por lo cual creo que tengo un talante más dialogante.

En cuanto al machismo creo que hay hombres que no aceptan verse superados por una mujer y crea el efecto contrario al proposito de este articulo; es así como se vuelve al maldito extremismo.

Con respecto a la mujer no todas están mejor preparadas ni más capacitadas que los hombres observo que es un error que la mujer por ser mujer no debe cometer ni convertirlo en un tópico que difiera de la verdadera realidad.

No veo a un mujer destruyendo un parque o declarando a guerra a medio mundo la verdad, aunque en esto también me puedo equivocar, por su historíca ambición.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.
España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  redaccion@eldiariofenix.com