Yo también estoy hasta el gorro

La azotea
Guillermo Sánchez

Al Defensor del Pueblo Andaluz, el atípico y popular sacerdote José Chamizo, le han llamado la atención en el Parlamento andaluz por decir a los señores diputados, en una pública comparecencia, que la gente está “hasta el gorro de todos ustedes”  y harta de sus “peleítas”. Esta sincera y cordial recriminación me ha recordado al Perich, aquel dibujante y humorista catalán que agradecía a la libertad de expresión que ya fuera posible “decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada...Ni al gobernante tampoco”. Yo también estoy hasta el gorro de todos ustedes, señores políticos de este país, por permitir que me invada este sentimiento tan “noventayochesco” y cernudiano de España como “el país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto”.

  Yo también estoy cansado de los goyescos duelos a garrotazos, de sus “peleitas”. Coincido plenamente con la opinión expresada esta semana por el presidente de la Fundación para la Libertad, Nicolás Redondo: desde el siglo XVIII no tuvimos ni suficientes ni duraderos puntos de encuentro. Como él, lamento la falta de consenso y la inutilidad de la clase política para responder a esta simple pregunta: ¿Qué mejor solución que la unidad de todos cuando nos encontramos al borde del abismo? 

  También estoy particularmente de acuerdo con el popular cantante de sevillanas José Manuel Soto, que opina que algunos políticos deberían bajarse del coche oficial para conocer la realidad de la calle. Si los políticos españoles pisaran más la calle distinguirían entre verdades, verdades a medias y estadísticas. Las estadísticas reales hablan del aumento de la pobreza crónica en España: un 36% de los ciudadanos españoles no tienen ninguna capacidad para afrontar gastos imprevistos, el 26% de los menores españoles viven en hogares que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza y un 24,4% de la población activa española está en paro...Pero sólo a pie de calle se conoce el verdadero rostro de esta miseria y se pone nombre propio al nuevo perfil de ciudadano que acude a los comedores sociales y recibe la ayuda de los programas contra la pobreza de Cáritas o la Cruz Roja.

 Somos los verdaderos campeones de Europa en la tasa de paro y en el número de políticos que viven del presupuesto; éstos últimos superan el número de médicos y, distribuidos en los distintos niveles de la administración, suman 445.568 gobernantes en total, trescientos mil más que en Alemania, el doble que en Italia y Francia...En fin, tenemos un cargo público por cada cien ciudadanos. Y ,la verdad sea dicha, no me importaría que siguieran viviendo del cuento – del cuento de Hans Christian Andersen, “El traje del emperador”, que iba desnudo-- si se dedicaran en cuerpo y alma al principal objetivo de cualquier gobierno que se precie, que es la felicidad de la nación. A estas alturas debería quedar claro que el fin de toda sociedad debería ser el bienestar de los individuos que la componen. O estoy yo muy despistado o es por aquí por donde empezamos a redactar la bicentenaria Constitución  que conmemoramos.

 

 

 

     

       

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