Hubo un tiempo, no hace mucho, que los presidentes de clubes, en su ánimo por enardecer a las masas, iniciaban las temporadas ligueras prometiendo una feroz lucha por lograr el título que tanto ansiaban sus aficionados; eran años en los que, cuando se fichaba a un jugador extranjero, este se presentaba ante la prensa con un papelito escrito en los despachos, que rezaba, espero que mis goles permitan al club obtener el campeonato.