Diego Costa y la manzana de Adán
Cuenta la leyenda que fue la pérfida Eva quien entregó la manzana a Adán que éste mordió pecando de esa manera. Desde aquel momento en el que los primeros pobladores de la tierra tuvieron el primer derecho a la libre elección, la vida del ser humano en todas las facetas de su existencia ha sido un continuo decidir entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, el corazón y la cabeza; todo bajo el paraguas de que nadie posee la libertad absoluta y nadie puede liberarse de las consecuencias de sus decisiones.
Diego Costa, el futbolista hispano-brasileño del Atlético de Madrid, debe decidir si juega el próximo mundial de fútbol con la selección del país que le vio nacer o lo hará con el equipo del país que le acogió, señalándolo para la gloria. Difícil decisión para el profesional y dura, muy dura decisión para la persona; las presiones que desde las dos partes de la cuerda está padeciendo el futbolista complican aún más una situación en la que tres son las partes directamente implicadas y una cuarta, el Atlético de Madrid, podría verse salpicado por los llamados daños colaterales.
Por todo esto, sea cual fuere su decisión final, la lógica dice que Costa debe dar pronto un paso al frente y decidir con la cabeza todas las dudas que le plantee el corazón, porque no hay nada peor que la incertidumbre y porque para tomar la decisión correcta, hay que actuar de la forma más correcta posible. Nadie nunca le podrá echar en cara a Diego Costa elegir una selección u otra, cualquiera de ellas merece un futbolista de su categoría, nadie podrá criticar su decisión de jugar con España o hacerlo con Brasil, tanto si el motivo es por cuestiones deportivas o por razones afectivas. Lo único que puede dañar al jugador es alargar una historia que invita a que otros actores tomen de forma interesada la iniciativa. Ni las dos mejores selecciones del mundo ni el jugador de moda merecerían que la duda ensuciara el proceso. Y sobre todo y por encima de todo que un club que le ha abierto de par en par la puerta al estrellato y una afición que le ha convertido en su gran ídolo pagaran en sus carnes el pulso de la polémica.
Y es que toda decisión implica un riesgo, aunque la mejor y más correcta manera de tomar decisiones son tomándolas, en todo caso, siempre hay que recordar que ni Adán dio el primer mordisco ni la fruta que nos cuenta la historia fue nunca una manzana.





