El Barça frente al espejo

Las cosas como son
Agustín Castellote

 Tras el apocalipsis de la derrota en liga frente al Valladolid ha llegado la euforia por el triunfo en Champions ante el Manchester City, es lo que tiene este gran generador de emociones llamado fútbol, que no existen tonos grises, que se pasa del blanco al negro y viceversa con la misma frecuencia que se marca un gol o se consigue una victoria. En nuestro fútbol hace ya mucho tiempo que no existe el ayer ni se contempla el mañana, lo único que importa es el hoy y el último resultado que será el termómetro que determine el estado de la cuestión, independientemente de si dentro de tres días otro marcador cambia diametralmente todos los postulados.

En este viciado clima el FCBarcelona se ha convertido en un claro prisionero de la situación; demasiado ruido, excesiva propaganda sin querer atender que más allá de los focos y las luces, en el éxito también se esconden sombras y miserias. Al margen de que el Barca sigue siendo un claro aspirante a ganar todos los títulos este año, alguien debería darse cuenta de que algo no va bien, de que existen síntomas que deberían corregirse antes de que sea demasiado tarde.

Entre ramalazos de aquello que le hizo ser el mejor de todos hace bien poco y murmullos que le colocan entre uno de los mejores en la actualidad, el Barca no ha logrado diagnosticar el problema, identificar las causas y explorar nuevas vías para recuperar la esencia. Es como si su discurso futbolístico se apagara en ocasiones, un fútbol con excesivos nudos, un ánimo demasiado endeble, como si el equipo se dejara ir con excesiva frecuencia, sintiéndose cómodo cuando el fútbol es el único debate pero excesivamente distraído con todo lo ajeno a la pelota.

Seguramente muchos argumentarán, desde la nostalgia, que es poco menos que imposible volver a aquel fútbol de seda, aquel juego deslumbrante y aquel dominio incuestionable; pero también es obligación de los dirigentes reconocer las causas y obrar en consecuencia.

Me imagino también que muchos preferirán esperar lo que dicte el próximo resultado, pensando que el tiempo se encargará de todo, pero alguien debería dar un paso al frente y, olvidándose de campañas, enemigos, manos negras y demás maquillajes, mirarse con sinceridad al espejo antes que la solución, emboscada en efímeros triunfos, pase a ser el problema.

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