El fútbol frente al espejo
Vaya por delante que yo siempre voy a defender y aplaudir cualquier iniciativa que trate de corregir las múltiples imperfecciones que nos rodean y hacernos crecer como individuos y como sociedad. Que me resisto a aceptar la podredumbre que vemos cada día y que cualquier movimiento que trate de solucionarlo o simplemente paliarlo tendrá todo mi apoyo y colaboración, incluso en el caso, como es el que nos ocupa, de entenderlo como un hecho más efectista que efectivo y de muy corto recorrido ya que se trata de poner puertas al mar en medio de la tempestad.
El Real Madrid, repito en una decisión ejemplar, ha decidido expulsar del club a 17 socios que encabezaron una serie de gritos vejatorios contra Leo Messi y Cataluña en el Bernabéu; una medida que va unida a la campaña de acoso y derribo contra la violencia y la intransigencia que el fútbol ha iniciado a raíz de la muerte violenta de un seguidor del Deportivo de la Coruña. La pregunta que nos hacemos es ¿Sirve para algo? ¿Es ese el camino? Me temo que no; silenciar los estadios, o a un grupo, más o menos numeroso, de personas que acuden a un estadio al toque de corneta, cuando hasta hace unos días, muchos de los que ahora intentan callarlos ejercían de anfitriones no se entiende sino como el hecho de matar moscas a cañonazos. El fútbol siente vergüenza de ver en lo que se ha convertido por mor de una clase dirigente y un entorno abyecto y trata de corregirlo a base de ejemplares decisiones cuando lo que se necesitan son coherentes decisiones. A mí también me produce pena y rabia escuchar lo que se oye desde la grada de algunos estadios, incluso he llegado a sentir auténtico asco cuando se ha aludido a personas que ya no están entre nosotros, pero ¿Realmente la solución pasa por expulsar a todos los que insultan? ¿Quién mide los tipos de insultos? ¿Al árbitro si? ¿Al rival no?
La gente debe saber que el fútbol se ha convertido en una especie de termómetro de la sociedad en la que vivimos, donde se despiertan en ocasiones las más bajas pasiones. A lo largo del tiempo lo hemos convertido en una especie de gran espejo frente al que desnudamos nuestras miserias y ofrecemos la mejor versión del primitivismo que llevamos dentro, y esto no se puede cambiar, desgraciadamente, de la noche a la mañana y a base de sanciones, es una cuestión de tiempo porque es una cuestión de educación y respeto, estamos pidiendo al aficionado que no haga lo que hacemos cada día dirigentes y medios de comunicación, sólo que nosotros vivimos de ello y ellos pagan para que nosotros vivamos de ello.
El fútbol no puede ser el colegio, la Universidad o el entorno familiar de cada uno de nosotros, ni puede convertirse en la conciencia de cada aficionado; no se trata de expulsar al que insulta porque, desgraciadamente, los estadios se quedarían casi vacíos sino convencer al aficionado de que cuando compra una entrada para ver fútbol no obtiene licencia para casi todo, deslegitimar el insulto, no dar coartada a la provocación y sobre todo convencerse de que en esta película no hay buenos y malos sino que todos estamos bajo sospecha. Creo que, de momento, bastaría con que cuando se produzcan insultos en un estadio los presidentes de los equipos salieran a los medios de comunicación para rechazarlo, denunciarlo y decir que esos que insultan ni representan, ni quieren, ni pertenecen a la idea del club y que el presidente en nombre de la entidad que representa se avergüenza de ellos y su comportamiento. Bastaría con que algunos medios de comunicación cambiaran la camiseta del club que ahora llevan por la del periodismo y la del negocio por la del respeto. No arreglaría el problema pero, seria un buen punto de partida.
@agcastellote





