El árbitro Muñiz y el ventilador de la porquería

Las cosas como son
Agustín Castellote

 Es lo que tiene el fútbol, su grandeza y su miseria; un deporte capaz de cambiarlo todo en un segundo; originar los más encendidos debates y elegir, en el tiempo de una jugada, de un relámpago, a sus héroes y a sus villanos. Por eso en las portadas de todos los medios de comunicación entre el Rey, Rajoy u Obama, entre los escándalos que nos encienden y las vergüenzas que nos arruinan, irrumpe con toda su fuerza el nombre de un tal Muñiz, el árbitro asturiano colocado en el centro de la diana por sus actuaciones en Barcelona hace 15 días con el Sevilla y en Elche, la noche de este miércoles con el R. Madrid.

Me da pena Muñiz, me produce lástima cuando el fútbol le arroja de esa forma a la hoguera, cuando él lo único que ha hecho es encender el ventilador. Un ventilador de porquería, de suciedad y de corrupción, que anida impunemente en el fútbol español; un ventilador que descubre, cada vez que alguien le da al interruptor, cómo la llamada mejor liga del mundo es, con diferencia, la más injusta, la más desigual y la menos creíble del Universo. Un sistema irremediablemente defectuoso donde las leyes tienen su propio pulso y donde se está en permanente conflicto de intereses entre los negocios y el deporte.

Estoy absolutamente convencido de que Muñiz nada tiene contra Sevilla o Elche, que estos son simple damnificados, efectos colaterales de un sistema pervertido donde el poder omnímodo de Real Madrid y Barcelona lleva a que todo gire en torno a ellos.

Ellos (Real Madrid y Barça) lo tienen todo: el dinero, el poder, la influencia y la prensa ¿Por qué no iban a tener a los árbitros? Un presidente de la LFP que denuncia la compra de partidos en SU competición, y no pasa nada; unos clubes que ven cómo se produce un reparto injusto y abusivo de derechos de TV, que les arruina e impide luchar en igualdad de condiciones y agachan la cabeza y rinden pleitesía; una prensa convertida en un circo donde a los actores no se les mide por su capacidad y conocimiento, sino por su grado de forofismo y una organización que, al margen de horarios, prebendas, vejación a los aficionados y demás, permite unos precios entre 99 euros la más barata y 359 la más cara, para un (partido) Barcelona-Real Madrid, que no tiene fecha ni horario.

En este viciado contexto ¿Qué puede hacer Muñiz? ¿Quién es capaz de exigirle que rompa la baraja, cuando le han dado las cartas marcadas? El cementerio está lleno de valientes y los árbitros viven muy bien, como los dirigentes o los periodistas de este negocio llamado fútbol, para poner en juego su futuro.

Muñiz con sus flagrantes errores no es sino una víctima del sistema, de un sistema que le permite seguir arbitrando cuando hace 15 días dio motivos suficientes para entrar una buena temporada en la ¨nevera¨ de un sistema que exige un reconocimiento tácito al poder establecido con la amenaza de que, quien se mueva, será retirado inmediatamente de la foto y de un sistema que, tras el boom de estas horas, volverá a su estado natural, anidando suciedad y a la espera de que otro Muñiz decida activar el interruptor del ventilador de la porquería,

  – No hay cosa que haga más daño a una nación, como el que la gente astuta pase por inteligente ( Sir Francis Bacon )

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