Gallardón: ¿el tapado?
Ya se decía que Alberto Ruiz-Gallardón tenía futuro en el Partido Popular y todo parece que lo sigue teniendo. Situando a Ana Botella como alcaldesa de Madrid, se cumplía parte del plan; ahora con la encarcelación de Luis Barcenas, ha lanzado un misil contra Mariano Rajoy; también estaba prevista una acción parecida; faltaba la coartada.
Amigo entrañable de Manuel Fraga, desde antes de que fuera concejal del ayuntamiento de Madrid en 1983, se dejó notar en la oposición contra el entonces alcalde Enrique Tierno Galván. Su apoyo a la familia y a la moral cristiana viene desde entonces, con su ataque a la revista «Madriz», por las viñetas de «Ceesepe» y su acusación de blasfemos. Se le veía venir y ha llegado, ahora como Ministro de Justicia y sus leyes represoras contra la mujer —con la reforma de la ley del aborto—. No está dejando títere con cabeza: reforma el Consejo General del Poder Judicial y se pone contra los jueces, incrementa las tasas judiciales y ataca el derecho a la justicia gratuita y a la ciudadanía en general; contra todos, menos contra la suprema corte de la iglesia católica a la que baila el agua, situándose junto con Wert, como los ministros más impopulares.
Ha pasado por todos los escalones posibles en la política representativa, confundiendo: concejal, diputado regional, presidente de la Comunidad de Madrid y alcalde de la Villa, senador, diputado en Cortes y ministro. Digo confundiendo porque su imagen era de progresista, cuando ostentaba una típica personalidad jesuítica, de educación exquisita, representante de la más rancia derecha española desde su cuna. No a todos ha engañado. Se le veía, se dejaba notar; ha formado parte, desde 1986, del aparato popular. Primero como miembro de la ejecutiva de la extinta Alianza Popular, secretario general, vicepresidente y portador del partido en los tiempos de Hernández Mancha. Hoy, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular. ¿Donde estaba el engaño?
A lo que vamos: Gallardón, de tesoreros del PP y financiaciones, sabe un rato. En abril de 1990 recibió el encargo de elaborar un informe interno sobre el Caso Naseiro, que cerró en falso, sin que se tomaran medidas disciplinarias contra ninguno de los implicados. Se escuchó de su vinculación con el caso Gürtel, cuando el ayuntamiento de Madrid adjudicó en 2007 varios contratos a la empresa de Pablo Crespo, ex secretario de organización del PP gallego, por un importe total de 210.000 euros. El propio alcalde, admitió que en 2004 «se manipuló un informe técnico» para adjudicar a esta empresa un contrato por valor de 153.000 euros.
Ahora se oye su nombre en el Caso Urdangarín, el del duque, el yerno del rey, el marido de la infanta Cristina. El juez José Castro, ha pedido al fiscal anticorrupción que se pronuncie sobre la posibilidad de abrir una pieza separada sobre Alberto Ruiz-Gallardón, que conllevaría, la petición de suplicatorio para imputar al ex alcalde de Madrid y actual ministro de Justicia, porque durante su etapa de alcalde se adjudicaron 144.000 euros públicos a la trama Nóos a cambio de nada. De momento están imputados, el ex director de Deportes del ayuntamiento de Madrid y la ex consejera delegada de Madrid 2016.
Gallardón es un auténtico equilibrista, ahora en la cuerda entre Aznar y Rajoy, presentándose como conciliador. Pese a su política de justicia quemada, confía en prolongar su vida política y aspira a ser un recambio de futuro. Aznar ve con buenos ojos al ministro y apuesta por él: facilitó el ascenso de su mujer a la alcaldía, hace una política sin miramientos contra la izquierda, y no está satisfecho con la política de su sustituto, que la encuentra débil y sin expectativas. Gallardón, al parecer limpio de cualquier trama de financiación ilegal del PP —pendiente de lo del duque—, quiere el puesto de Mariano y ha dado un paso más hacia el objetivo: ha favorecido la prisión de «Luis el cabrón», Bárcenas, protegido desde siempre por Rajoy, que ha quedado tocado.
@caval100





