Patética apertura de la campaña electoral
Más que un debate sobre el estado de la nación ha sido como una especie de apertura compartida de la campaña electoral, o mejor dicho, de las campañas electorales que se van a suceder en España a lo largo de este año 2015. El presidente del Gobierno, y candidato del Partido Popular a seguir siéndolo, se quedó solo frente a todos con su discurso triunfalista: a la hora de competir, cada uno va a lo suyo y no está en disposición de reconocerle al adversario ni lo más mínimo. Sólo Duran i Lleida parecía dispuesto a compartir la euforia macroeconómica de Rajoy, aunque con muchos matices y puntualizaciones, en la línea siempre ponderada del nacionalismo moderado catalán que su portavoz en el Congreso trata de mantener, a pesar de que la deriva independentista de su coalición se lo pone cada vez más difícil.
El líder socialista, Pedro Sánchez, nuevo en estas lides, sorprendió con un discurso brillante y contundente –al que quizá le sobraba algún exceso verbal contra los sinvergüenzas, delincuentes y mentirosos–, en el que se adivinaban diversos objetivos simultáneos. Desde luego, el de asentar su liderazgo ante sus propios militantes, pendiente como está de unas primarias para elegir candidato a la presidencia de gobierno. Y, por supuesto, fijar una imagen tan crítica ante el gobierno y la situación como la que puedan tener las fuerzas más radicales (sobre todo, la que viene apretando en las encuestas), en un intento de desvincularse de la casta y de desmentir futuras componendas bipartidistas. Lástima que el PSOE tiene buena parte de responsabilidad en el proceso que ha llevado al deterioro de la economía y de la democracia en España, con graves casos de corrupción todavía pendientes: ya se encargó Rajoy de recordárselo en su desmesurada reacción.
Contundentes también estuvieron los líderes de las fuerzas en otro tiempo emergentes e incluso esperanzadoras, cada una en su tendencia (UPyD e Izquierda Unida, esta última con el joven Alberto Garzón recién ascendido al liderato), pero que ahora se ven desbordadas en las encuestas por los dos grandes ausentes de este preestreno de campaña electoral, Ciudadanos y Podemos. Esta última formación, que ya inició su campaña con una gran manifestación el pasado 31 de enero, organizó su propio mitin en paralelo al gran mitin compartido en el Congreso.
En ese debate/mitin, el líder del PP contestó a casi todos con displicencia, arrogancia y, en el caso de Rosa Díez (UPyD), con ese habitual aire de superioridad machista que Arias Cañete dijo que no quiso utilizar con Elena Valenciano. Especialmente agresivo se mostró con Pedro Sánchez, al que llegó a decirle (¿ordenarle?) que no vuelva al Congreso a hacer ni a decir nada. Quizá una traición de un subconsciente con derecho a veto.
A la vista de los desesperados intentos de todos por conquistar el apoyo de los ciudadanos para mantener sus puestos, no tengo muy claro a cuál de ellos aplicar el calificativo de “patético” que Rajoy arrojó con desprecio sobre Sánchez. Según el diccionario de la Academia, patético es el “que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía”. Más bien es el deterioro de la política lo que lleva tiempo infundiendo dolor y tristeza entre la ciudadanía. Y serán los ciudadanos quienes deberán decidir cómo reparten la responsabilidad de esa situación entre quienes les piden el voto.
@jagacinho





