¿Y Villar, dónde está Villar?

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Han pasado 48 horas desde que los nuevos matones del siglo XXI se citaron al sol para dirimir, al calor del fútbol, esas cosas que nunca podrían debatir con el cerebro;  48 horas desde que los violentos, movidos por conductas paranormales, poseídos por la ira y despreciando cualquier regla que les asemeje al resto de los mortales, volvieron a agitar el odio en el nombre de su intolerancia, dejando por el camino el rastro de la sangre y una sensación de podredumbre y miseria que a ellos les deslumbra y al resto nos avergüenza. 

48 horas en las que los ciudadanos estamos asistiendo escandalizados a la ceremonia de la sinrazón, desde las televisiones abren sus telediarios con las imágenes y los periódicos dedican sus portadas al asunto, mientras las autoridades, desde el Presidente del Gobierno al de la Liga profesional, inciden en que ha llegado el momento de decir ¡¡¡ Basta !!!

48 horas de investigación, de curar a los heridos, de declaración de los detenidos, de informes policiales, de reunión de comisiones, de velar un cadáver y sin que nadie haya quedado indiferente ante la categoría de la barbarie. 

Bueno, todos menos uno; en medio de la gran tormenta, nadie sabe dónde está el presidente Villar;  ni una declaración, ni un comentario, ni una denuncia del máximo dirigente del balompié español mientras al fútbol le salpica la sangre. Es como si se le hubiera tragado la tierra, es como si con él no fuera este lío esperando que el tiempo, como otras veces, le solucione la papeleta. Villar hace mucho tiempo que transita al margen de la realidad de nuestro fútbol, que vive en su burbuja de oro, en una especie de retiro activo en el que sólo le importa su prestigio internacional ¿? y sus cargos en FIFA y UEFA. 

Pero este es un momento lo suficientemente trascendente para el fútbol español como para pringarse, para dar la cara, para ejercer de líder y dignificar lo que se representa. 

Su ausencia no sé si es estratégica, involuntaria, intencionada o fruto de un pueril y simple pánico, en cualquier caso resulta de todo punto inaceptable e injustificable, más, cuando en las grandes ocasiones el estado de la tibieza es mucho peor que el del propio pecado. 

@aAgCastellote

España

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