Bruto pero noble (Sutilezas desnudas)
Hace dos años estuve en Argentina. Era un viejo sueño pasear por Buenos Aires y pisar los lugares que Sábato, Roberto Walsh, Puig, Cortazar y Borges habían convertido en míos. Era un momento especial para mí. Revisar morosamente las librerías, tomar un café y visitar la plaza de mayo. Allí, en el suelo, los pañuelos blancos pintados en el suelo recordaban cada día la lucha constante de unas mujeres. Muy cerca, un campamento de veteranos de las Malvinas recordaba otras atrocidades.