Balones, pelotas y pelotazos
He querido dejar pasar unas horas para que se celebrara el importante duelo de Europa League, Valencia-Basilea y que no se mezclara deporte y porquería, que el fango no hiciera sombra a la ilusión y desenfreno por la brillantísima clasificación y que se pudieran marcar distancias entre lo que ocurre en el césped y la grada y lo que pasa en el palco y despachos; para comentar el penúltimo esperpento generado en torno al fútbol español y que vuelve a poner de manifiesto, en qué manos ha estado, está y me temo que seguirá estando este deporte.
La policía detuvo el pasado miércoles a Juan Soler, ex presidente del Valencia, por el presunto intento de secuestro del que fue su sucesor en el cargo, Vicente Soriano, quien, con el fin de ocupar el ansiado sillón presidencial, le compró al primero las acciones del club y nunca las llegó a pagar. Esto, que más parece formar parte de un episodio de novela negra, con personajes convertidos en caricaturescos y rayando el esperpento sino en lo absurdo, no tendría más carta de naturaleza que un delito, un presunto delincuente, una víctima, una brillante actuación policial y una ulterior decisión del juez, si como argumento principal no estuviera un club de fútbol de la solera e importancia del Valencia y como trasfondo de los hechos una lucha económica y de poder que, con personajes como los actores de esta truculenta historia, han llevado al club a la ruina más absoluta, al caos económico más brutal, después de haberles sumido en una burbuja que antes o después, sabían, acabaría estallando.
Dejando a policía y jueces que desentrañen la negra historia, la pregunta que debemos hacernos es: ¿En qué manos está el fútbol español ?¿Qué control se ejerce sobre unos señores que recalifican terrenos, venden propiedades de dudosa titularidad, construyen estadios que luego no pueden acabar y trafican con acciones que les permiten llegar, figurar, establecer su chiringuito y, llegados a un punto, vender al precio que les interese para perpetuar el negocio. ¿Qué grado de responsabilidad jurídica, moral y económica tienen estos sujetos con delirios de grandeza, depredadores que ponen el sentimiento como cebo, en esa carrera para la autodestrucción del club? Gentes que actúan sin ética alguna, al calor del poder que les otorga el palco y únicamente pensando en sus propios beneficios.
Esa macabra combinación de fútbol, ladrillo, negocio y dinero que durante años ha permitido y permite a este tipo de personajes alcanzar la fama y popularidad que nunca hubieran soñado, que les ha dado la opción de operar sin riesgo, porque siempre ganan ellos y si alguna vez pierden, el que lo hace es el club, han dejado el fútbol como un auténtico estercolero, mendigando ayudas, financiaciones y retraso en los pagos, antes de buscar la venta desesperada a un tercero que sea capaz de tapar los muchos agujeros que su egoísmo, ambición y desconocimiento provocaron.
Estos personajes y esas actuaciones solo son posible en el fútbol español, donde se ha instalado la política de mirar para otro lado y pensar que un gol, un penalti, una polémica artificial a tiempo o un sonoro fichaje que entretenga al personal, será capaz de dejarles actuar con tanta impunidad como descaro. Luego, lo que pase en el futuro, será problema del que venga detrás, porque son conscientes que en el fútbol español, donde en muchas ocasiones la realidad supera a la ficción, la mayoría de la gente lo único que quiere es que la ficción les haga olvidad la realidad.





