Recuperación económica para privilegiados
Camino de morir de éxito, Mariano Rajoy insta a los dirigentes de su partido a centrarse en el discurso de la recuperación económica, sin distraerse en cuestiones irrelevantes (¿cómo la corrupción quizá?), para convencer al electorado de que el PP es un partido serio, unido y responsable, el único que puede culminar esa recuperación económica de la que los ciudadanos no terminan de enterarse y que correría el peligro de venirse abajo si llega al gobierno alguna de esas “pandillas de amigos” que empiezan a abrirse paso en las encuestas e incluso en algunas elecciones.
Recuperación económica parece que, en efecto, la hay. Otra cosa es que llegue para todos. Y también hay reformas, que es una de las referencias recurrentes del gobierno y de quienes le guían (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional y, sobre todo, Ministerio de Finanzas de Alemania). Parece que nunca son suficientes, como si no les hubiese bastado, por ejemplo, con desmantelar los derechos laborales y precarizar el trabajo, con degradar, suprimir o malvender los servicios públicos, con prescindir de la investigación científica o con fomentar la desigualdad por encima de todas las posibilidades comunes. Porque, en este contexto, reforma suele significar recortes para la inmensa mayoría y manos libres para la minoría que controla el poder económico.
Después de cinco años de duros ajustes en los capítulos sociales –desde que Rodríguez Zapatero se cayó del caballo socialdemócrata–, todavía no se ha conseguido domesticar el déficit público. Según la hoja de ruta marcada tras el rescate bancario en 2012, se tendría que haber bajado al 3 por ciento en 2014. Ya un año antes, la UE autorizó aplazarlo hasta 2016. Hace unos meses, la Comisión Europea advertía que España y otros seis países corrían el riesgo de incumplir el déficit marcado para 2015 y, naturalmente, recomendaba nuevos ajustes, algo complicado en un año electoral, por lo que es previsible que siga aplazándose la reducción del déficit.
Esa flexibilización no la tiene el gobierno central con las comunidades autónomas, que viven asfixiadas para ceñirse a los rigurosos topes de déficit que no se les perdona, aunque se les preste dinero coyunturalmente, con sus correspondientes intereses, para los gastos más acuciantes. Dentro de este mosaico de contradicciones e incumplimientos, resulta que el gasto público general actual supera en 40.000 millones de euros al de 2007 (antes de que la crisis estallara con toda su crudeza), como si en la administración central no sólo no recortasen gastos, sino que los aumentasen.
Mientras, la deuda pública (un concepto en el que se incluyen todas las deudas privadas financiadas desde fuera de España) no para de crecer, aunque ahora la prima de riesgo haya descendido espectacularmente (incluso a interés negativo en emisiones a corto plazo), desde que el Banco Central Europea empezó a hacer el año pasado lo que tendría que haber hecho desde el principio: comprar deuda pública de los estados miembros de la UE.
El discurso gubernamental sobre la recuperación económica jalea especialmente la vuelta a la creación de empleo. Lenta, claro, pero menos da una piedra. Y un empleo de lo más precario, pero a estas alturas casi nadie se puede permitir el lujo de ser exigente. Aun así, a 31 de marzo de 2015, en España había más parados registrados en las oficinas de empleo que en diciembre de 2011 (cuando el PP llegó al gobierno con su mayoría absoluta).
En medio de estos bailes de cifras, crece más la sensación de que el dramático bache de la crisis ha sido convenientemente utilizado en Europa para comenzar a desmantelar las conquistas sociales de los últimos setenta años. Es decir, para iniciar la recuperación de los privilegios que los poderosos se vieron obligados a moderar y disimular. Esa es la verdadera recuperación que parece desarrollarse con éxito. Y en ese éxito temen morir electoralmente los del PP, si no logran convencer a una mayoría de votantes de que no hay mejor salida ante la crisis perpetua, a pesar de todas las corrupciones. Lo tienen más difícil ahora porque, a diferencia de anteriores ocasiones, los electores cuentan con un recambio todavía limpio.
@jagacinho





