Carrasco Ferreira, nueva estrella en el Calderón
El Atlético de Madrid se impuso en su duelo ante el Valencia por 2-1, un marcador que no refleja lo que se vio sobre el campo. El equipo del ‘Cholo’ Simeone hizo de los valencianistas un juguete, con el que el veloz jugador belga buscó divertirse cada vez que entró en contacto con el balón. Regate y desequilibrio. Y mucha chispa. Todo acompañado del gol. Los avales de Yannick para ser un nuevo líder colchonero.
Por la magnitud de ambas entidades y lo acontecido en los últimos careos, el Atlético-Valencia se presentaba en la jornada dominical como el gran partido de la jornada. Duelo de ‘Champions’ entre un equipo que va a más y otro que busca despegar, o que, simplemente, se busca. Ambos habían ganado entre semana en la máxima competición continental, los colchoneros al Astana y los valencianistas al Gent. Pero la Liga es lo que da de comer y el plato para cenar que tenían por delante era bastante goloso.
El ‘Cholo’ Simeone apostó por un once similar al de la jornada europea, solo moviendo una pieza de medio campo hacia delante. Koke entró en el once por Saúl, dando continuidad a Tiago y Gabi en la sala de construcción/destrucción y manteniendo a Ferreira Carrasco, Griezmann y Jackson Martínez para dinamitar el ataque. Para evitarlo, Nuno alineó a 4 centrocampistas (Enzo Pérez, Danilo, Parejo y André Gomes), dejando la parcela ofensiva a disposición de Santi Mina y Rodrigo.
A pesar de la cantidad de futbolistas de mediocampo, a los che no les sirvió para hilvanar ninguna jugada con sentido. Muchos intercambios de posiciones entre el cuarteto cuya finalidad era impedir el avance de las tropas locales. Al Atlético le costaba generar fútbol y, por ende, llegar al arco de Doménech con peligro. Koke fue el primero en intentarlo y Carrasco el segundo, en los 20 primeros minutos, que sirvieron para hacer un largo tanteo para encontrar por qué lugar podría sufrir más el rival.
El único del Valencia que lo intentaba era Rodrigo, antes de caer lesionado en el minuto 23, siendo sustituido por Alcácer. El hispano-brasileño cayó solo sobre el césped, teniendo que marcharse apoyado en los médicos del equipo y más tarde a vestuarios en camilla con evidentes signos de dolor y resignación. No tiene buena pinta lo del delantero, como tampoco lo tenía el partido para sus compañeros. Ninguno era capaz de superar las barreras atléticas interpuestas por el camino, y los atacantes valencianistas ni olían la pelota. El Atlético aumentó la intensidad que le caracteriza y la presión surgía efectos. En Tiago terminaba casi todo lo del rival y comenzaba lo propio, para que pasase luego por Ferreira Carrasco, quien fue tomando protagonismo en el encuentro.
Pasada la media hora de juego, los pistoleros del Calderón entonaron el grito de guerra dispuestos a romper el partido. Balón desde su zona de confort de Filipe Luis en busca de Jackson Martínez. Mustafi falla en su intento de cortar el envío y Aderllan Santons se come el bote. Resultado de la ecuación, el delantero colombiano encarando y batiendo a Doménech con toda la facilidad del mundo, viendo portería por segundo día consecutivo. La defensa de los de Nuno hizo aguas y tras ello se desató el chaparrón. Griezmann filtró un pase para Jackson, al que solo el meta valencianista impidió cantar un nuevo gol. Tras ello, ocasión para Godín en el córner siguiente.
El Valencia, un muñeco de trapo
El Atlético vivía su mayor momento de peligro. Fue entonces cuando Yannick Ferreira Carrasco agarró el balón casi en medio campo, viendo como Joao Cancelo caía al suelo. Flotó por el verde con una idea en mente que iba tomando forma con cada paso. Cada vez más hacia el centro, quebró a Danilo para que este también quedara tumbado sobre la lona. Fue entonces cuando armó su pierna diestra y, con dirección a la siniestra, dio un pase a la red para celebrar acto seguido celebrar el 2-0.
De vestuarios salieron los de Simeone con más hambre aún, con ganas de ir a por más. Tuvieron más el balón y lo hicieron de mejor forma. El Valencia era un juguete roto cuyo único fin posible era entorpecer en todo lo posible al Atlético. Sin un plan definido en pro a su beneficio, los de Nuno eran un equipo sin alma. El técnico luso buscó dar un giro a su equipo retirando a Parejo e introduciendo a rapidísimo Bakkali, por si este se contagiaba de su compatriota belga. Cambio ganador el que pretendía Nuno, que terminó tirándose un farol. Ninguna de sus cartas se descubrió sobre el tapete y todas las manos fueron tiradas a ciegas, porque a su equipo, en el Calderón, ni siquiera un perro guía les habría marcado el camino.
Sin resquicios en el Atlético para el optimismo che, un fallo de Godín puso la miel en los labios en forma de penalti. El uruguayo cayó sobre Mustafi dentro del área y Paco Alcácer convirtió la pena máxima. El 2-1 era más un brindis al sol que un canto a la esperanza. Acercarse en el marcador no pasó del espejismo y los del ‘Cholo’ siguieron a lo suyo. Incluso pudo ampliar la ventaja, encontrándose con Doménech en dos ocasiones. Una de ellas, a Tiago, principal actor en los 90 minutos, rozando la perfección, prestándose a todo y a todos.
El mayor peligro del cuadro de Nuno para intentar empatar fue un tiro desde casa de Joao Cancelo. Resultado engañoso, de menor renta que lo que se vio por el campo. Un equipo puliendo sus ideas y el otro buscándolas mientras juega con las musarañas. Y entre todo esto, un nombre que brilló. Yannick Ferreira Carrasco se metió con su fútbol a la afición colchonera en el bolsillo. Del Manzanares fue despedido en el cambio con una sonora ovación. Una ovación de las que marcan, una ovación de futuro triunfador.








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