"Chicharazo" sobre la bocina
La Champions es la competición que despierta el gen ganador de los grandes equipos. El Madrid, un juguete impotente en manos del Atlético de Madrid durante toda la temporada, hizo doblar la rodilla a uno de sus eternos rivales tras siete encuentros. El protagonista fue “Chicharito”, un jugador condenado al ostracismo por Carlo Ancelotti que hoy ha brillado más que nunca para permitir a sus compañeros (gol mediante) sacar un billete para las semifinales de la máxima competición europea.
Cuando el Bernabéu decide animar es un campo casi inexpugnable. Jugadores y aficionados lo saben y por ello decidieron calentar el encuentro días antes desde las redes sociales. La llamada a filas blanca surgió efecto y miles de orgullosos madridistas se agruparon en los alrededores del Santiago Bernabéu para enchufar a los suyos. La fuerza indómita de un público normalmente dormido amilanó al Atlético y espoleó al Real Madrid.
El partido arrancó como se presuponía: con el Madrid con la bola y el Atleti aguardando en campo propio su oportunidad. El respeto que mostraba el conjunto del “Cholo” Simeone era insólito, teniendo en cuenta los precedentes anteriores. El Madrid controlaba el ritmo con posesiones largas, aunque no lo representaban en los rostros, el miedo a fallar era máximo. Poco a poco los colchoneros se fueron sacudiendo la presión y, con varias jugadas a balón parado, llegaron a inquietar los plácidos dominios de Iker Casillas. Pero no demasiado tiempo duró la alegría para los atléticos. El Madrid volvió a recuperar la manija con intensidad y esfuerzo. A punto estuvieron de ver refrendado ese ramalazo de juego durante los últimos minutos de la primera parte, pero una intervención de Oblak en un mano a mano con Cristiano mandó a los jugadores a la caseta con el 0-0 en el luminoso.
La segunda parte fue un calco de la primera. Las llegadas del Real Madrid a la zona de tres cuartos se sucedían constantemente, pero la muralla atlética ideada por Simeone aguantaba las envestidas sin apenas inmutarse. Inquietó “Chicharito” con un disparo cruzado que despejó Oblak. El delantero mexicano clamaba al cielo implorando una suerte que le era esquiva. No sabía que le esperaba lo mejor. Antes de tal magnífico momento, Arda era expulsado por doble amarilla. Una por enganchar a Kroos; la otra, por elevar demasiado la planta del pie en un esférico disputado con Ramos. Con su salida, el Atlético perdió la conexión entre zagueros y delanteros, el poco fútbol que tenía.
Con todo en contra, Simeone quiso proteger a su equipo con la entrada al campo de Giménez. Montó una defensa de cinco con la esperanza de alargar hasta la prórroga el sufrimiento, pero tanto se atrincheraron que ofrecieron en bandeja la eliminatoria a sus rivales. El Madrid se volcó y el Atleti sufría. Las vías de agua crecían a ritmo imparable, hasta que finalmente el barco se hundió en los instantes finales. El protagonista fue el Javier Hernández, el olvidado. Esta noche derrochó madridismo por todos los poros de su piel. Corrió, luchó y obtuvo la recompensa del gol tras una rápida combinación del propio mexicano, Cristiano Ronaldo y James. “Chicharito” cayó desfallecido sobre el césped. No había tiempo para más. Las semifinales ya les esperan






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