Corrupción en ascenso y ciudadanos en crisis

EL PLUMILLA ERRANTE
José A. Gaciño

Hasta ahora, ningún sistema político ha podido garantizar al cien por cien la transparencia de su funcionamiento ni la honradez de los gobernantes y de los representantes de los ciudadanos. En los sistemas democráticos, por lo menos, hay más oportunidades de desvelar y denunciar ocultamientos y corrupciones, además de poder retirar el voto a los políticos y a los partidos que incurren en esas prácticas. Para mayor consuelo de los demócratas, se suele repetir que la gran mayoría de políticos son personas honradas y entregadas a la función pública con dedicación y vocación de servicio y que los corruptos son una minoría de casos aislados.

En España llevamos una racha que parece confirmar lo de las mayores oportunidades de descubrir la corrupción en los sistemas democráticos, pero que, por otra parte, parece desmentir el consuelo de los casos aislados y minoritarios. Como si en los últimos años se hubiese acelerado el ritmo extractivo de los supuestos servidores del interés público y hubiese aumentado espectacularmente el porcentaje de políticos contaminados.

Lo que sí parece haber aumentado es el número de políticos de más rango (ministros y presidentes de comunidades autónomas) abiertamente implicados en las tramas corruptas. Hasta llegar al caso impactante de que uno de los políticos más significados de la transición, el ex presidente catalán Jordi Pujol (todo un personaje histórico), después de haber negado en repetidas ocasiones estas y otras irregularidades (como el famoso caso de Banca Catalana en los años ochenta, que lo convirtió en un agravio a Cataluña), acaba de confesar que llevaba más de treinta años ocultando en paraísos fiscales unas cuentas e la familia, en principio con fondos procedentes de la herencia de su padre (que ya tuvo problemas en tiempos por blanqueo de dinero) pero, según los indicios de las investigaciones en marcha, abundantemente ampliadas por ingresos dudosos (comisiones ilícitas, por ejemplo).

Encima, los ciudadanos van conociendo esa progresión en cantidad y en calidad en momentos en los que todavía siguen sufriendo los castigos derivados de una crisis que ellos no causaron y, naturalmente, piensan que los protagonistas de la corrupción (corruptores y corrompidos) sí están entre los causantes de la catástrofe económica. Y en la misma medida en la que van tomando conciencia de que esto de la crisis no es algo coyuntural, sino que forma parte de la esencia misma del sistema económico en el que estamos integrados todos, con mejor o peor fortuna, también van advirtiendo que la corrupción, si no es consustancial a la naturaleza humana, es al menos una de las características más repetidas en las sociedades creadas por los hombres a lo largo de la historia.

Repetida en todas las sociedades, incluidas las que llevan más tiempo practicando la democracia o las que presumen de rigor, disciplina y estabilidad, y a los más altos niveles políticos. Basta con fijarse en la investigación abierta recientemente al ex presidente francés Nicolas Sarkozy (como antes al también ex presidente Jacques Chirac) o con recordar los escándalos de financiación ilegal de la democracia cristiana alemana que emborronaron el final de la carrera política del canciller Helmut Kohl, el histórico reunificador de Alemania (por cierto que algunos de esos fondos ilegales procedían de empresas públicas francesas, por orden del entonces presidente francés, el socialista François Mitterrand, que ayudó así a financiar algunas campañas electorales de un rival ideológico).

Corregir el desorden discriminatorio del sistema económico y erradicar la corrupción son tareas difíciles, prácticamente imposibles en la consideración de muchos. En cualquier caso, tareas a largo plazo y con resultados previsiblemente parciales. Pero son objetivos obligados para las fuerzas políticas que aspiren a ganarse o a recuperar la confianza de los ciudadanos, que debe ser algo más profundo que retocar fachadas para ganar por los pelos las próximas elecciones.

 

 

España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  [email protected]