El penalti invisible

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

         “Sí estás en el área y no sabes qué hacer con 

           el balón, mételo en la portería y luego discutimos 

            lo que quieras”.

La histórica frase de un mito del fútbol inglés, Bill Shankly, ex entrenador del Liverpool, podría ser rescatada perfectamente en estos días donde la desaforada polémica por el famoso penalti indirecto de Messi sirve para devolver al fútbol a su estado natural, lo que Jorge Luis Borges definía como “el fútbol es popular porque la estupidez es popular”.

Periodistas intentando convencer a los “presuntos agraviados”  de la falta de respeto que supone la acción, jugadores incrédulos por tanta osadía, aficionados atónitos y divididos entre la admiración y el desprecio, en función de sus colores, forman parte de una lista de historias interminables que al paso de los días, deja en mantillas la película de Rodrigo Santiago, “el penalti más largo del mundo”. 

Todo pertenece al particular entramado del fútbol en España, todo bajo la filosofía de que cuando el deporte espectáculo se contempla sin sentirse involucrado sólo queda el desatino. Por ello unos defienden colores, otros razones, hay quien se esconde en la épica, quien defiende al que le paga, quien aboga por la diversión y alguno, como es mi caso, en la tesis de que estamos de nuevo en una escenificación de “el fútbol contra su peor enemigo”, condenando lo que es inútil, y es inútil todo lo que no es rentable. 

Y mientras en España, fieles a nuestro espíritu cainita, nos  desangramos en debates estériles que no conducen a ninguna parte, si no es a que la pelota salga malherida, para beneficio de unos pocos, en el mundo aplauden sin parar un bonito ejercicio que convierte en espectáculo al balón, en lugar de la polémica. 

Menos mal que como suele ocurrir el tiempo se convertirá en el mejor aliado de la historia y cuando un "escándalo" tape a otro "escándalo" y surjan nuevos argumentos para desviar atenciones y dirigir voluntades, Messi recogerá el honor que le corresponde como otros, antes que él , lo hicieron y que el escritor uruguayo Eduardo Galeano dibujaba con su maravillosa pluma:

                 “Por suerte todavía aparece en las canchas,

                   aunque sea muy de vez en cuando, algún 

                   descarado carasucia que se sale del libreto 

                   y comete el disparate de gambetear  a todo 

                   el equipo rival, y al árbitro, y al público de 

                   las tribunas, por el puro goce del cuerpo que 

                   se lanza a la prohibida aventura de la libertad”. 

 

@agcastellote

España

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