El posible anancasmo en la dirigencia política actual

RESENEKA
Alberto Vila

Por anacasmo se designan los estados obsesivos y fóbicos que, a su vez, son todos los fenómenos psíquicos que tienen la característica común de “dominar sin motivo” o dominar sin fundamento. Hagamos el esfuerzo de considerar comportamientos de algunos dirigentes en España que nos recuerdan a este comportamiento obsesivo.

Dado que no se somete a ninguna prueba psicológica a los candidatos, mucho me temo que podríamos estar a merced de comportamientos de esta índole.

El término “anancasmo” proviene del griego “ananque”, necesidad, obligación, coacción. No es más que la exageración de ciertas tendencias psicológicas normales, manifestándose especialmente por perseverar. Esto es, la tendencia a la repetición de actos por falta de seguridad en la eficacia de la acción inicial: comprobar si una carta, la espita del gas o una cuenta están bien cerradas.

También se expresa por la llamada “creencia en la omnipotencia del pensamiento”, por la que “ciertas cosas no se deben pensar ni decir”. Como mencionar la enfermedad, la desgracia o la muerte de un ser querido, pues el pensarlo “podría acarrear la realización de lo temido”. ¿Evitar la pronunciación del nombre de personas implicadas en casos de corrupción, por caso?

Además, se produce la duda, la vacilación, la incapacidad de tomar una decisión o una actitud, aunque se trate de cosas de poca monta, como el tomar un medio de locomoción u otro, o escoger uno de los platos del menú que presenta el camarero… imaginemos el caso de cómo decidir el modo de resolver los principales problemas de España.

Estas tendencias, llevadas a la exasperación y cargadas de gran ansiedad, dan lugar al fenómeno. Esto se convierte en un complicadísimo ritual que recuerda a los de la superstición y de la magia. Un ejemplo simple podría ser evitar pisar las líneas (¿rojas?) de un pavimento… o modificar políticas que nos están llevando a la ruina social, económica y moral a los españoles.

Según los especialistas, “se trata de personas cuyo modo de estar en el mundo es profundamente erróneo. Su relación consigo mismo, con las cosas, con los demás hombres, con Dios, por motivos biográficos enraizados casi siempre en la infancia, se ha restringido enormemente, carece de elasticidad, de adaptabilidad, de amplitud, de cordialidad. Una singular actitud de desconfianza marca su contacto con el mundo. Es esta inseguridad existencial, lo que origina la rigidez que los caracteriza”. No creo que sea difícil obtener algunos ejemplos de estas personas entre la galería de políticos que nos han tocado en suerte.

El anancástico es portador de una concepción de la vida extraviada, deforme, desencarnada, que más que un sistema filosófico racional, representa un conjunto de “axiomas”, “tabús”, “pseudodogmas” o “miedos”, aceptados sin ninguna crítica y teñidos intensamente de emotividad. Cómo por ejemplo, seguir sin admitir que los ciudadanos han elegido un cambio en la política de España.

En las obsesiones aparece también el ataque de la duda ante cualquier asunto, con igual cantidad de pro y contra. La persona pasa a no confiar más en sus propios actos, ni en lo que ve, ni en su memoria, ni en sus creencias. Estas crisis llegan a interferir en la capacidad de producción del adulto. ¿La parálisis en adoptar decisiones sería un síntoma?

Convengamos en cambio, para considerar a todos los síntomas, que la fobia es un miedo permanente e infundado hacia algún objeto o situación, presente o no. El objeto o la situación son exteriores y el individuo reconoce que no acarrea un peligro real. Pero le teme: al cambio político en España, por ejemplo.

Los anancasmos son, a este nivel, efectivamente, obsesiones que pueden observarse también en las personas sanas.  Por ejemplo, salir de casa y pasar toda la tarde con la molesta idea de que podríamos habernos olvidado de apagar el gas, a pesar de estar ¿convencidos? de que lo hemos apagado… o seguir insistiendo que hemos ganado las elecciones.

Del trastorno anancástico se dice que “… se trata de un trastorno de la personalidad que se caracteriza por preocupación por los detalles, el orden y la rutina, perfeccionismo, escrupulosidad, rectitud, convencionalismo, rigidez, obstinación y obsesiones, todo de ello de carácter excesivo y desmesurado; aplicado a la personalidad, es sinónimo de obsesivo-compulsivo. (Extraído de La Revisión de los términos del léxico psiquiátrico de la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española y propuesta de nuevos lemas - http://tremedica.org/panacea.html)

Querido lector, estimada lectora, esta cuestión que os planteo se deriva de mi esfuerzo por comprender los comportamientos de los dirigentes políticos de nuestro país en estos difíciles momentos. ¿Lo habré logrado?

 

@Reseneka

España

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