La vida perra de Juanita Narboni

Los últimos libros
Antonio Castillo

Ángel Vázquez murió un día de febrero de 1980 en la pensión de la calle Atocha en la que, entre «infusiones de whisky o de tintorro» –según anduviera de dinero– que bebía en un cuarto que tal vez se parecía al de Juanita Narboni, la inolvidable solterona protagonista de su novela más conocida, pasó los últimos años de su vida. Dicen las crónicas de la época que con él se fue el último maldito de la literatura española.

Había nacido en 1929 en Tánger, que era ya entonces la ciudad cosmopolita que años después seduciría al matrimonio Bowles, a Burroughs, a Capote o a Genet. Aprendió la haquitía, el dialecto hablado por los sefardíes del norte de Marruecos, en la sombrerería que su madre regentaba en la laberíntica medina, en cuya memoria siguen grabadas las andanzas juveniles de Vázquez y sus primeros trabajos como periodista y librero.

La penuria económica que le impidió continuar sus estudios y le acompañó toda la vida lo convirtió en un autodidacta, un tipo curtido en oficios alimenticios que, según amigos del alma como Emilio Sanz de Soto, encandilaba con su conversación a los ilustres intelectuales que dieron brillo a las noches tangerinas de los años 50.

Cuando el náufrago visitó la ciudad por primera vez buscó la sombrerería y no la encontró, pero sí se embriagó con el aroma familiar de la librería Des Colonnes, que con sus luces tenues y su fachada decadente parece devolver al viajero a los tiempos en que Vázquez despachaba y dialogaba con los clientes. Lo que hasta entonces desprendía un tufo patriotero que le repelía, el hilo invisible y nutricio que vincula a algunas personas con los lugares que aman, adquirió matices nuevos después de ese viaje.

La concesión en 1962 del premio Planeta por su primera novela, Se enciende y se apaga la luz, alivió temporalmente el peculio de Vázquez, pero la muerte de su madre en 1964, el mismo año en que publicó Fiesta para una mujer sola, un fresco narrativo que opone a la España rancia del franquismo la vitalidad del Tánger multicultural, fue el tiro de gracia para el escritor, arrumbado su «mundo de ayer» por los nuevos ritmos traídos por la independencia marroquí.

Desubicado, se refugió en el alcohol, las drogas y el sexo («odio a los efebos de esta playa de Tánger, al que el rico turismo anglosajón ha convertido en un prostíbulo dorado y al aire libre. Lo mío son los militares ya maduros y sin graduación, los curas a la española, barrigudos y catetos, y los que riegan las calles de noche encapuchados en sus uniformes amarillos», le contó a Jane Bowles en cierta ocasión) y en 1965 se trasladó a la Península.

Muchos críticos creen que La vida perra de Juanita Narboni es la mejor novela que se ha escrito sobre ese Tánger libérrimo y bohemio que parece sacado de Las mil y una noches. Su protagonista, vieja y sin recursos, recuerda un tiempo que se fue, a una madre que nunca la quiso, a un padre atrabiliario como el del propio Vázquez, a una hermana ligera de cascos a la que en el fondo siempre envidió, a un novio homosexual que tuvo.Ángel Vázquez

Del antiguo esplendor solo quedan vestigios (la casa familiar, la criada, el whisky cada vez más escaso y las pautas domésticas heredadas de la generación anterior) ocultos por una realidad tozuda hecha de soledad y estrecheces que Vázquez detalla a través de un intenso monólogo interior que retrata a una mujer frustrada que llegó tarde a todo.

Juanita sufre, siente miedo, se deteriora como la propia ciudad y, en un gesto vano de rebeldía, ajusta cuentas con una madre que hace mucho que no puede oírla. Como otras mujeres de su generación, como la propia madre del náufrago, cree que su vida es el resultado de las decisiones que otros tomaron por ella y, por añadidura, se ampara en esa falta de libertad para negar cualquier responsabilidad personal.

Ángel Vázquez escribió esta magnífica novela –que ha sido adaptada al cine en dos ocasiones, primero por Javier Aguirre y después por la tangerina Farida Benlyazid– en 1976, cuatro años antes de que una crisis cardiaca se lo llevara por delante en una casa de huéspedes madrileña que a él le recordaba la mansión de Drácula.

La vida perra de Juanita Narboni (Cátedra, 2000; Planeta, 1976)

 

 

España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  [email protected]