El primer libro de Luis Cernuda, Perfil del aire, fue acogido con displicencia, cuando no con saña, por la crítica, que no supo o no quiso apreciar sus singularidades y lo metió sin más en el saco de las imitaciones de la «poesía pura» de Jorge Guillén. Cernuda no olvidó nunca el desaire, que recordó en la Carta abierta a Dámaso Alonso y en varios poemas de Desolación de la quimera.