Los periódicos publican a diario obituarios que glosan momentos relevantes de la vida del fallecido, del que el lector obtiene una visión de conjunto que siempre es parcial, incompleta. Esas reseñas ocultan una intrahistoria que nadie cuenta, en algunos casos, pocos, por respeto a la intimidad de la persona y en otros porque se entiende que su cotidianidad palidece frente al esplendor de los hechos capitales que protagonizó o de los que fue testigo.