La primera vez que entré en su casa, hace ya mucho, me impresionó la acumulación de libros. Para avanzar por el pequeño apartamento había que trazar eses entre las pilas, como en los exámenes de moto. Y sin embargo, me aseguró, un orden extremo presidió una vez su biblioteca. Varias décadas y algunos cambios de vivienda después la organización se mantenía, pero solo en el código del náufrago, al que le bastaban un par de minutos para localizar un libro.