Nuevo ciclo de gobiernos en minoría
El bipartidismo ha registrado un fuerte retroceso (los peores resultados de cada uno de los dos grandes en el actual periodo democrático), pero es precipitado hablar de derrota irreversible. Ha surgido con fuerza una nueva formación política, que puede ayudar a romper la tendencia a la abstención de los votantes de izquierda desencantados, pero todavía queda mucho camino que recorrer y muchos aparatos partidistas anquilosados por renovar para hablar de una verdadera regeneración de la izquierda. Son algunos aspectos a destacar de los resultados de las elecciones europeas en España, que, por debajo de los trazos gruesos de los titulares de impacto, hay que matizar con el análisis de las circunstancias que rodean unos comicios, los europeos, cuyas singularidades hacen difíciles las extrapolaciones automáticas.
Por primera vez, la suma de los votos de los dos partidos principales no llega al cincuenta por ciento del total (un 49,06 por ciento concretamente), pero todavía se reparten entre ellos más de la mitad de los 54 escaños que corresponden a España en el Parlamento Europeo, y eso que, al ser circunscripción única, la proporción en el reparto está más ajustada. Ello se debe a que todavía mantienen una distancia importante con respecto al resto de ofertas electorales. En concreto, más de diez puntos porcentuales con respecto al tercer clasificado. En la competición electoral, de momento, no ha irrumpido un Atlético de Madrid que rompa realmente la hegemonía de los dos grandes. En este sentido, la nueva formación Podemos se ha abierto un hueco en la izquierda, pero está todavía lejos de llegar a afectar a las opciones predominantes, aunque, a juzgar por las reacciones del PP y sus medios afines, parece que la derecha le da muchas posibilidades de conseguirlo.
De cara a próximas confrontaciones electorales (locales, varias autonómicas y generales en 2015), puede que haya un cierto reagrupamiento de fuerzas para configurar ofertas más sólidas con las que seguir reduciendo distancias. Formar una sola lista de 54 candidatos (de los que más de la mitad pueden ser de relleno) para los comicios europeos, no es lo mismo que articular candidaturas para concurrir en las elecciones locales (8.119 municipios hay en España), en las diferentes comunidades autónomas y en las elecciones generales con cincuenta circunscripciones provinciales (no hay que cubrirlo todo, pero sí una parte significativa). En esa necesaria movilización humana y organizativa siguen teniendo ventaja los grandes partidos (los dos de ámbito estatal y algunos nacionalistas en sus respectivos ámbitos territoriales). Tienen también la ventaja de base de la distribución provincial de escaños en las elecciones generales, algo que viene dificultando extraordinariamente el acceso de terceras fuerzas en las provincias menos pobladas, que son la gran mayoría.
Lo que sí parecen anunciar claramente los resultados del 25-M es un nuevo ciclo de gobiernos en minoría. Tampoco es una novedad. Los gobiernos de UCD pasaron por eso, como pasaron los socialistas en diferentes momentos y los populares en la primera legislatura en la que gobernó Aznar. En este sentido, era previsible que el tremendo desgaste de tantas medidas impopulares –y poco efectivas– frente a la crisis se llevase por delante, antes o después, las mayorías absolutas.
Otra cosa es la lección que se apliquen los afectados por el deterioro del bipartidismo. Pueden limitarse a aguantar el chaparrón y esperar a que escampe, a la espera de que los ciudadanos empiecen a sentir la recuperación, como parece haber decidido el PP (los socialistas han optado por mover, tardíamente, la ficha del congreso extraordinario). O pueden renovarse de verdad y abrirse al diálogo y la colaboración con las nuevas fuerzas políticas emergentes, o al debate y a la competencia por llegar más y mejor a los ciudadanos. Si entran políticos más responsables y si queda alguna responsabilidad entre los que siguen en sus puestos, no deberían desaprovechar la ocasión de dignificar su trabajo, aunque sólo sea por conservarlo.





