Vuelven a meterle miedo a los griegos

EL PLUMILLA ERRANTE
José A. Gaciño

Vuelven a meterle miedo a los griegos, ante la posibilidad de que haya que adelantar las elecciones, en unos momentos en los que la coalición izquierdista Syriza figura en cabeza de todas las encuestas, con una ventaja que oscila entre cuatro y once puntos sobre su inmediata seguidora, la derechista Nueva Democracia actualmente en el gobierno gracias a una frágil alianza con el hundido partido socialdemócrata Pasok. Tan frágil es la alianza que no es suficiente para garantizar la elección parlamentaria de un nuevo presidente de la República conservador, adelantada a esta semana por el primer ministro, Andonis Samarás, en una jugada un tanto rocambolesca y que sólo podrá beneficiarle si vuelve a salvarle, como hace dos años, el voto del miedo.

Como un primer aviso, la Bolsa de Atenas cayó casi un 13 por ciento al día siguiente de que el primer ministro anunciara ese adelanto de la elección presidencial. Desde Bruselas, se combinan las afirmaciones de que Samarás sabe lo que hace, como si tuviese algún as en la manga, con las advertencias condenatorias de cualquier intento de modificar la ruta impuesta por la troika para que Grecia haga frente a su deuda pública a costa de un sacrificio brutal de las clases medias y bajas.

Lo del as en la manga no sería de extrañar en un político del partido que falsificó en su día las cuentas públicas de Grecia para conseguir su entrada en el euro. Una trampa en la que Nueva Democracia contó con el asesoramiento del banco norteamericano Goldman Sachs, del que hay que recordar su protagonismo en la crisis financiera que todavía nos aprieta (se le acusó de fraude por las hipotecas subprime, más gráficamente denominadas hipotecas basura), como hay que recordar que en ese banco ocuparon cargos directivos, en su división europea, personajes como Mario Draghi, en la actualidad presidente del Banco Central Europeo, o Luis de Guindos, ahora ministro español de Economía.

Después de dos rescates y de unos niveles de deuda pública que llegan al 175 por ciento de su producto interior bruto, Grecia es el ejemplo más sangrante de los efectos de la economía de la austeridad por la que han optado las autoridades de la Unión Europea para hacer frente a la crisis. Los rescates le han obligado a realizar salvajes recortes sociales. Después de seis años de recesión, sólo en este pasado trimestre han registrado un leve crecimiento del 0,7 por ciento, gracias a un repunte de la actividad turística. La agitación  social es continua, entre huelgas y manifestaciones, siempre con una actuación policial contundente (por decirlo de forma moderada) que contribuye a radicalizar posturas, por un lado, y, por otro, a fomentar la cultura del miedo.

En España no hay esos niveles de agitación, aunque el gobierno se prepara para esa posibilidad con una no menos contundente ley de seguridad ciudadana. Tampoco la recesión fue tan prolongada, pero también se va salvando por el turismo, gracias a que el grueso de los turistas considera insegura la ribera sur del Mediterráneo. En lo que sí coinciden Grecia y España es en los niveles de desempleo (en torno al 25 por ciento, con más del 50 por ciento entre los jóvenes).

Coinciden también en la estrategia del miedo que tejen sus respectivos poderes económicos y políticos, con el apoyo de sus tutores europeos y fondomonetaristas (la troika, vamos), en una campaña cada vez más evidente contra las alternativas que ponen en cuestión los métodos de la austeridad permanente y discriminatoria, que quieren revisar las cuentas de las enormes deudas públicas y analizar sus orígenes y sus causantes para tratar de negociar condiciones de pago menos devastadoras. En cuanto esas alternativas se acercan a la posibilidad de gobernar, como le ocurre ahora a Syriza en Grecia, desatan todos sus recursos de convicción y de coacción para hacer creer a los electores que esas alternativas les colocan al borde del abismo, como si quienes ahora les gobiernan no les hubieran empujado ya al fondo.

Ya empiezan también a alimentar ese miedo en España, a pesar de que la opción temida (Podemos) apenas empieza a formarse y todavía falta un año para las próximas elecciones generales.

 

 @jagacinho

España

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