Confundir la calidad con la cantidad es de torpes. Hacerlo además, considerando a los promedios como una medida objetiva, es de incompetentes o, al menos, de pícaros. Relacionar productividad, que no es más que el resultado de la combinación de factores en un proceso productivo, con la competitividad, es, cuanto menos, una perversa manipulación. La devaluación del factor trabajo, pese a que el salario promedio haya aumentado, otra vez los promedios de marras, no parece desmentir que el modelo ha fracasado.