Responder al comentario

Balón de aire

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

¿Cómo se puede medir el esfuerzo, la lucha y la ilusión? ¿Qué márgenes se usan para determinar quién es mejor o peor en un juego colectivo? Escribo este artículo sin saber aún quien será el agraciado este año de esa gran farsa, esa mentira que alimenta cada temporada egos y vanidades, que provoca absurdas guerras comerciales y sitúa con meridiana claridad a las huestes mediáticas en sus respectivas trincheras, sin pudor ni respeto por la profesión a la que representan. El balón de oro se ha convertido en una auténtica burla al deporte, un continuo desafío, a la vez que desprecio a un sinfín de futbolistas de máximo rendimiento e importancia en sus clubes, pero cuya casa comercial no les ha elegido para el estrellato. Un festival de Eurovisión futbolístico donde se cierran filas en función de paisanaje, club, simpatía o mandato publicitario para continuar alimentando, un año más, la insaciable gallina de los huevos de oro. Resulta metafísicamente imposible encontrar razones objetivas para determinar que un futbolista ha sido mejor que otro en el último año, imposible dilucidar si los goles de Ronaldo merecen mejor suerte que la magia de Messi, si Neuer ha sido mejor que Kroos o si  Götze, Di María, Diego Costa, Iniesta y un sinfín de futbolistas, no hicieron méritos en la sombra para atender al excelso reconocimiento. Por eso se acude a cuestiones emocionales, en algún caso, y comerciales en otros, para decidir lo que resulta imposible determinar por otros medios, pero que va a servir para alimentar esa gloria mentirosa del elegido, ese escarnio público del perdedor y esa respuesta coral de prensa, radio y televisión, donde se escruta lo justo o injusto de la decisión, en función de la camiseta que lleves puesta. 

El balón de oro se ha convertido en un gran espectáculo que la FIFA sirve en bandeja de plata al gran público para deleite de unos, humillación de otros y entretenimiento de todos. De nada sirve que España o Alemania ganen el mundial, que haya jugadores que multiplican los éxitos deportivos de los clubes a los que representan o que en un mundo totalmente subjetivo alguien nos quiera hacer comulgar con supuestas verdades absolutas, nacidas de renglones torcidos y propuestas araneras y donde se desprecia la geometría y hasta la aritmética. 

La grandeza del fútbol es que, digan lo que digan ellos, sea cual fuere el interés que les mueve o los argumentos que esgrimen para convencernos de quien es su rey, en el corazón de cada aficionado, por modesto que sea el club, no habrá uno, habrá al menos 22 balones de oro que premien la dimensión de un deporte maravilloso, en el que, como dijo Di Stéfano, “ningún jugador es tan bueno como todos juntos “ y en todo caso, puestos a ser injustos, más vale serlo por emoción que no por capricho. 

@Agcastellote

Responder

Enviar
CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.
España

(C) El Diario Fénix 2011        Contacto:  [email protected]