Barça: casualidad o causalidad

LAS COSAS COMO SON
Agustín Castellote

Decía Voltaire que la casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido; vamos, por explicarlo mejor, que el hecho de que suceda algo no deja de ser una consecuencia; que no existe la casualidad, que todo pasa por alguna razón en la vida, aunque no lo queramos ver o aunque no nos interese verlo, y más en una sociedad donde poco importa el cómo y sólo nos interesa el cuánto. 

El fútbol, con sus códigos, con sus normas, no deja de sorprendernos; es un deporte que procesa a su manera ante la incredulidad general, en el que se entremezclan sentimiento, temor, desprecio y admiración, en una sorprendente simplificación de los estados de ánimo que nos lleva a vivir entre permanentes historias de pasión, lealtades cruzadas o partidos de leyenda. Es siempre a todo o nada, blanco o negro, frío o calor, éxito o fracaso; gozar del éxtasis o sacar los demonios casi sin estadios intermedios que nos permitan observar que nada sucede por casualidad, que todo ocurre por causalidad. 

Hace apenas un mes el Real Madrid estaba en el ojo del huracán, un desastre que se tambaleaba en la cuerda floja, que llevó a despedir al técnico y poner en duda a su millonaria plantilla entre vientos huracanados y feroces críticas de mediáticos ejércitos de hooligans con carné, capaces de decir una cosa y la contraria en función del último resultado. Pero apenas un mes más tarde es el Barcelona el que llama a la puerta del "aquelarre "; de pronto, el líder intratable pierde la calma, dilapida su cómoda ventaja y entra en caída vertiginosa en la que parece que era una mala salud de hierro. Entonces la guerra de trincheras cambia de bando y los malos se convierten en buenos y viceversa. El fútbol vuelve a ser ese deporte que crece sobre la pasión de las grandes rivalidades, que divide a los aficionados, enfrenta a los periodistas y agita los debates, pero siempre bajo el paraguas de si lo que sucede es por azar o existen otros motivos. Y es así porque la mayoría de las causas pasan inadvertidas en la victoria, el gol lo tapa todo, todo lo entierra y otorga razón, incluso a quien no la tenga. 

Yo no creo en la casualidad y sí en la causalidad, todo tiene un porqué, incluso para que te toque la lotería tienes que jugar. Cerrar los ojos y pensar que todo lo que sucede es un conjunto de malentendidos, un compendio de mala suerte, de factores externos y que el tiempo cambiará el destino no es sino alargar el dilema. 

El Barca debe hacer autocrítica para identificar el problema, olvidarse del ruido exterior, de los debates interesados, tomar medidas para acortar los plazos más allá de lo que pase en el próximo encuentro y buscar la causalidad antes de que ésta convierta cada partido en una auténtica casualidad.

 

@AgCastellote 

España

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