Decadentes

RESENEKA
Alberto Vila

La decadencia en una sociedad se comienza a manifestar antes en la ética al poner en práctica valores que en aspectos meramente economicistas. No somos mejores por lo que podamos tener, lo somos por el modo en el que privilegiamos la defensa de la honestidad y la solidaridad pública. Ese es el indicador que deja a las claras para qué una gestión pública ha sido elegida.

La respetabilidad de un Estado se encuentra en las pequeñas cosas, son las que ponen de manifiesto el vigor de las garantías colectivas. La grandilocuencia es, generalmente, el parapeto para la banalidad o la desvergüenza. Ambas suelen ser demostraciones de la decadencia de una comunidad.

Alberto Ruiz-Gallardón, como alcalde de Madrid, llenó de sillas la Plaza de Cibeles. Eran 1.800 invitados, según el protocolo del Ayuntamiento, para que los hijos y familiares de los altos cargos públicos, personalidades y famosos disfrutaran de la cabalgata sin tener que estar de pie y con unas vistas perfectas. Esta tradición que impuso Gallardón, Ana Botella no dudó en mantener cuando llegó al Consistorio.

La simbología de los 1.800 asientos que Manuela Carmena desafectó para el grupo VIP de los altos funcionarios de Madrid y demás, no pueden entenderse sin la reacción de estos grupos, que pretenden el mantenimiento de privilegios que no les corresponden, ni por cargos, ni por cunas. La transformación de ese espacio, en un área para personas con minusvalías, y ciudadanos de pleno derecho de Madrid, deja a las claras que podemos tener esperanza en que no todo está perdido.

La degradación se puede vislumbrar en una serie de episodios. La probable arbitrariedad de la justicia en el Caso Nóos, por ejemplo. Se hace cuerpo, a medida que se acerca la fecha, en que se siente como imputada la hermana del Jefe del Estado. Pareciera que se le aplicará, trayendo al presente un fallo que algunos consideraron agraviante, la decisión que se adoptó para el caso Botín.

La “doctrina Botín” tiene su origen en una resolución del Tribunal Supremo de 2007 en la que se avaló la decisión de la Audiencia Nacional de limitar la acción de las acusaciones particulares, al no darles capacidad suficiente para solicitar apertura de un juicio oral, ello, cuando Fiscalía y perjudicados hubieran solicitado el sobreseimiento de la causa.

El TS, en diciembre de 2007, confirmó el archivo del caso de las cesiones de crédito. En este caso estaba imputado Emilio Botín y otros tres directivos del Banco Santander. Todos quedaron exonerados de ser juzgados. ¿Curiosa manera de entender la Justicia, no?

Ante esto, ADIC (Asociación para la Defensa de Inversores y Clientes) solicitó 180 años de cárcel para Botín y sus ejecutivos por unas  cesiones de crédito. En aquel caso le permitieron al banco eludir el pago de las retenciones a Hacienda. Así, obtuvieron casi 2.500 millones de euros y provocó la persecución de muchos clientes por presunto delito fiscal. Frente a esto, el Tribunal Supremo archiva el caso, entendiendo que el ejercicio de la acusación popular debía limitarse "en cuanto a su alcance y extensión".

En resumen, decían, una sola acusación no puede mantener vivo un caso si el fiscal se inhibe.

Sin embargo, en 2008, paradójicamente, el mismo TS dictó una resolución en el sentido contrario para condenar a Juan María Atutxa, a la sazón anterior presidente del Parlamento vasco, por no disolver el grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak. Entonces, el TS sí admitió a la acusación popular en solitario, en aparente contradicción a su anterior decisión. Justificó entonces que, "cuando el delito afecta a intereses colectivos o si no se han personado los perjudicados directos".

La Justicia es la garante que evita el desorden social y protege el interés general, por encima de los intereses de grupos o personas particulares, por muy influyentes que estos parezcan. El juez Castro, con un criterio impecable, entendió que no era aplicable esa “Doctrina Botín” al “caso Infanta”. Porque, en el primero, no estaba tipificado en el Código Penal y, en el segundo, sí.

He mencionado dos episodios. Creo que sugieren las alternativas para mantener una vía decadente u otra de ilusión y esperanza.

Usted… ¿qué España prefiere? Ambas están en sus manos.

 

@reseneka

Foto: El Mundo

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